Y sigue la mata dando, en estas benditas tierras de Juan sin dueño, donde los criminales siguen haciendo de las suyas, y en esta ocasión les tocó sufrir el enfrentamiento en la zona de Cañada de Venaderos, en la bonita ciudad de León, Guanajuato, donde elementos de la Guardia Nacional, sin previo aviso a las autoridades estatales, realizó un operativo que culminó en cinco horas de tremenda balacera, cual si fuera una película de Mario Almada. Por razones desconocidas, los guardias nacionales no avisaron a las autoridades policiales de León ni mucho menos del estado, y como Pedro por su casa, se metieron hasta la cocina, provocando la sorpresa e incertidumbre de nuestras autoridades gubernamentales.
Continuando con este acostumbrado desorden, tal parece que el Estado ahora sí recibió más apoyo de la Federación en materia de Seguridad Pública, sin embargo, el único inconveniente es que no avisaron con la debida diligencia, el día y la hora en que se daría dicho apoyo, y mientras las autoridades estatales esperaban un “Golpe de Timón”, escueto y débil como los ya acostumbrados, lo que en realidad llegó fue un verdadero “Golpe relámpago”, tan veloz que no les dio tiempo ni de ponerse los calzoncillos para avisar a los respectivos amigos de que se avecinaba una tormenta.
Con tanto caos rondando por las calles, nuestra ciudad comienza a dar un aire semejante a Ciudad Gótica, aquella ciudad conocida en las historietas de Marvel Cómics, custodiada bajo la sombra del Caballero de la Noche disfrazado de murciélago, mientras que es asediada por el terrible y malévolo Guasón. La única diferencia entre Ciudad Gótica y León, Guanajuato, es que Guanajuato es una historia real, y que si bien tenemos varones que salen de noche con mallas ceñidas al cuerpo, vestidos con antifaces, huyendo de las mujeres y correteando “chicos maravillas”, no son precisamente Batman, mientras que los guasones pululan a lo largo y ancho de los cargos directivos, haciendo bufonadas en cada discurso, mientras que hacen malabares con los recursos públicos, impuestos, tarifas y todo aquello que conlleve un signo de pesos, para al final terminar con un tremendo acto de magia en donde desaparecen todos los billetes que pasaron por sus manos, sin llegar a su verdadero destino.
Esperemos, con verdadera fe ciega (ya más ciegos no podemos estar), que no pase lo mismo con el préstamo que se acaba de solicitar por parte de Gobierno del Estado, por la impresionante y desorbitante cantidad de 5 cinco mil 350 trescientos cincuenta millones de pesos, los cuales quizás ya están pensando en repartirse tan jugoso botín, Alí Babá y sus cuarenta ladrones.
Pasando a cosas igual de dolorosas, terminamos la semana con un panorama cada vez más desolador: niños sicarios por aquí, niños soldado por allá, farmacéuticas involucradas en fraudes millonarios sin importarles un comino la salud de las personas, cárteles de la droga peleando los derechos de venta en tierras que creen que les pertenecen, asaltos aquí, robos allá, migrantes exigiendo en un país ajeno, derechos que no exigieron en el propio, siempre bajo el amparo de los Derechos Humanos; secretarías de seguridad pública cuyos policías son incapaces de realizar programas efectivos de prevención del delito, fiscalías de justicia que no logran resultados eficientes en delitos menores como los robos a casa habitación, industria y comercio, presidentes que rifan aviones presidenciales como si fuera un proyecto escolar para recaudar fondos para su fiesta de graduación, entre otras ocurrencias que sólo pueden ocurrir en este mi México lindo y querido. Sin embargo, como dice el viejo adagio popular, “la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”.
Mientras tanto, al paso que vamos, la Ciudad Gótica se quedará corta en comparación con el desorden sistemático que se ventila día con día, en nuestro bello y violento estado de Guanajuato, lugar donde los buenos estudiantes trabajan como obreros, mientras que aquellos con un pasado de haraganería e incompetencia, se hacen cargo de la dirección de las altas esferas de los cargos públicos.
Por cierto, estimado alcalde, si una persona con capacidades diferentes, o una persona de la tercera edad, que por obvias razones no puede subirse a los juegos mecánicos, acude a la Feria de León, ¿también deberá de pagar los 70 setenta pesotes que arbitrariamente impusieron? Amables lectores, que tengan un excelente día.
