
Momentos de incertidumbre, desesperación y angustia se han vivido en el país a lo largo de las últimas semanas. Cosas que se criticaban en sexenios anteriores están ocurriendo en un solo año de presidencia y algunos compatriotas parecen adeptos a este culto llamado 4T.
Mientras miles de mexicanos son víctimas y testigos de las mala decisiones de nuestros gobernantes, otros cuantos aceptan las pantomimas que el régimen impone a la cruda realidad de nuestra nación. Esto ha propiciado que otros personajes indeseables ‘tomen el papel de oposición’, jugando y lucrando con el inconformismo de quienes vemos cuanto daño hace Morena al país.
Muerte, terror y angustia son los sentimientos predominantes en la mayor de los conciudadanos mexicanos. Hemos hablado de impuestos, cambios a la ley y los derroches que tienen nuestros representantes en el Senado; sin embargo, los problemas no habían ‘escalado’ (hasta estos momentos) a la realidad de la gente. Se pensaba que esto iba a ocurrir cuando los impuestos se hicieran efectivos en el gasto de las personas, pero, no.
Muchos de los sucesos ocurridos en las últimas semanas son el reflejo de la mala administración y la falta de autoridad que tiene el gobierno mexicano ante las situaciones de seguridad. Hasta ahí se podría ser ‘comprensible’, pues sabemos la calaña corrupta y doble cara que pueden llegar a ser algunos políticos. Sin embargo, estos mismos sucesos superan estos crímenes de ‘cuello blanco’.
Tres ejemplos son clave, el primero siendo el cierre carretero masivo por poco más de una semana en diferentes partes del país; el segundo, que octubre cerró como el mes ‘menos’ violento con 50 homicidios diarios; el tercero, los magnicidios efectuados a lo largo de las últimas dos semanas.
Me parece que este último punto es uno de los más importantes por dos razones que expondré a continuación.
Merecemos recordar que en columnas pasadas he hecho el comentario de cómo el sufrimiento, la injusticia y el dolor une a los mexicanos. Pues, a pesar de lo que diga un senador de que se politiquea y revictimiza con el caso de Manzo (cuyo historial está manchado con estas mismas palabras pero del caso de ‘los 43’), realmente es asombroso cómo, por unos instantes, los mexicanos volvieron a ser uno solo para unirse ante esta pena y exigir justicia ante este asesinato. Tanto tembló la estabilidad del gobierno que no pudieron hacer nada, ni tener un plan de contingencia (fuera de las teorías de conspiración o las presuntas corinas de humo).
Me interesa mucho destacar este punto, pues de ahí parto al siguiente. Pues hace no más de treinta años, los magnicidios eren una preocupación latente, algo inaudito y con diálogos y discusiones que nos persiguen hasta hoy en día. El problema se infiere, entonces, a continuación: hemos normalizado la violencia y el homicidio a tal grado que estos son aceptados como un estatus del día a día.
Moralmente hablando, inferir esto, es preocupante. Pues la falta de sensibilidad que vivimos en estos momentos es resultado de la exposición continua a estos eventos traumáticos. Cosa que supuestamente ya ‘no existía’ desde el 2018.
Mi postura no es contra la cultura de la prevención o la información, es decir, no quiero inferir que lo mejor es ignorar y ocultar estos males, no. Pero que en menos de dos semanas la violencia y la muerte por homicidios haya estado altamente presente en el país es realmente aterrador.
Mientras tanto, nuestros mandatarios prefieren hablar de libros o ignorar y restarle valor a los problemas que siguen presentes en nuestro país.
Me confieso temeroso, porque antes solo pensábamos que, si levantabas la voz el gobierno te podría hacer callar; sin embargo, ahora no solo es el gobierno, el otro tigre ha despertado y lo peor es que ellos no le tienen miedo al qué dirán las personas, ellos solo actúan, seas ciudadano, limonero, naranjero, alcalde o presidente.