
Algunas veces, los crímenes se cometen con total planeación y alevosía. Otras, por un mero placer malsano y otras por mera ignorancia e imprudencia. Así ocurrió con Mary Mallon, cuya historia queda muy ad hoc en estos tiempos del coronavirus.
DE IRLANDA A NUEVA YORK
A finales del siglo XIX, la hambruna atacó Irlanda, por lo que muchos decidieron emigrar a Estados Unidos. La opción ideal sería Nueva York, que desde entonces ya era una de las urbes más cosmopolitas del mundo. Una de ellas fue Mary Mallon, quien nació en 1869. Nadie supondría que su mera presencia sería fatal para todo aquel que se le acercara.
El Nueva York de principios de siglo bullía de actividad: tranvías, gente de todas las razas, música “ragtime” y un crecimiento constante de una de las más grandes ciudades de la Tierra. Abundaban los ciudadanos, los trabajos… y las enfermedades, siendo la tifoidea una de las más comunes entre la clase baja. Los síntomas de la enfermedad se caracterizan por fiebre, cansancio y hemorragia gastrointestinal. En aquel entonces, aproximadamente 5 mil neoyorquinos se enfermaban y la mayoría morían.
Mary descubrió que tenía un talento nato para la cocina, y fue contratada por familias pudientes, quienes admiraban su sazón… ignoraban que eso les costaría la vida. Aún así, trabajó para siete acaudaladas familias de Manhattan.
De manera inexplicable, todas las personas para quienes Mary trabajaba enfermaban o morían, lo que era muy extraño porque la tifoidea no solía darle a personas de clase alta.
SOPER AL RESCATE
En 1906, un padre de familia contrató a George Soper, brillante ingeniero de sanidad con vocación de detective. Después de una ardua investigación, se supo la verdad: la cocinera de la familia los había infectado no solo a ellos sino a muchas personas más.
Sin quererlo, Mary fue la responsable directa de la muerte de tres personas, e indirecta de otras 50. La cocinera era asintomática, es decir, tenía la tifoidea pero no mostraba la enfermedad.
Soper se encargó de detener a Mary, pero ella era demasiado terca e ignorante. Negaba rotundamente tener la bacteria, de modo que escapó amenazando a un policía con un tenedor. Su perseguidor la siguió y logró ponerla en cuarentena en el hospital Riverside. Estuvo recluida durante tres años hasta que salió libre, con la promesa de que nunca volviera a dedicarse a la cocina.
Mary firmó un documento legal y hasta el momento pareció un final feliz.
SURGE UN NUEVO BROTE
En 1910, hubo un brote de tifoidea en el hospital de maternidad Sloane, en Manhattan. Enfermaron 25 personas y fallecieron 2, entre ellas una niña. Después de un tiempo descubrieron que la cocinera del lugar era una tal señora Brown, que no era otra sino Mary, quien se había cambiado el nombre.
Esta vez fue detenida y puesta en cuarentena por el resto de su vida, en el hospital Riverside. Los medios de comunicación acapararon el caso y la rebautizaron como “La Mary Tifoidea” mote que la volvería famosa en círculos médicos y hasta de la cultura popular. Cuando la visitaban para entrevistarla, le ofrecía bocadillos y agua a los periodistas, quienes no sabían si lo hacía por maldad, cinismo o mera ignorancia.
La historia de Mary Tifoidea ha inspirado una novela, titulada “La cocinera irlandesa” y hasta personajes de Marvel Cómics. Para bien o para mal es un ícono.
Mary murió en cuarentena el 11 de noviembre de 1938. Su cuerpo fue incinerado, asintomático hasta el final de sus días. Murió de neumonía, pero nunca de tifoidea.
SIGUIENTE ENTREGA: Chicago 1918-1919, años de pandemia y crimen
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