Uno de los años más convulsos y agitados en la historia del siglo XX fue, sin duda, 1968. Sobre los hechos ocurridos en ese entonces se han escrito y filmado cientos de obras, destacando los movimientos sociales. Uno de ellos ocurrió en Chicago y fue tan polémico que hasta el día de hoy es tema vigente. Fue conocido como “El Juicio de los Siete de Chicago” y actualmente es una película homónima con seis nominaciones al oscar que posiblemente gane el próximo domingo 25 de abril.
Esta es una historia de manifestaciones, prejuicios y sobre todo, la compleja naturaleza humana.
Todo comienza el 26 de abril, cuando se celebró en Chicago, Illinois, la convención del Partido Demócrata. La tensión política era evidente, pues hacía poco habían asesinado a Robert Kennedy y a Martin Luther King. Además, la guerra de Vietnam estaba a todo lo que daba y las protestas de los jóvenes pacifistas no se hacían esperar.
De modo que las manifestaciones durante el evento político fueron inevitables.
El alcalde de Chicago hizo todo lo posible por impedir cualquier protesta, pero fue inútil pese a ordenar movilizaciones policiales y toques de queda. Los motines y disturbios no pararon, sobre todo de la mano de grupos como Las Panteras Negras o el Partido Internacional de la Juventud. Todos unidos para impedir que el gobierno estadounidense mandara a sus amigos a morir por una guerra sin sentido. Lo cierto fue que la policía actuó con excesivo uso de la fuerza y al parecer, todo terminó.
EMPIEZA EL JUICIO
Sin embargo, en marzo del año siguiente, el gobierno no se quiso quedar cruzado de brazos, pues Richard Nixon acababa de llegar al poder. Acusó a ocho líderes de movimientos de izquierda de conspiración y cruzar fronteras estatales con el fin de incitar a la violencia. Fue así como Abbie Hoffman, Jerry Rubin, David Dellinger, Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines, Lee Weiner y Bobby Seale fueron llevados a juicio en un proceso que, desde sus inicios, se notaba cargado de prejuicios y racismo.
Por ejemplo, Bobby Seale al ser afroamericano y miembro de las Panteras, ni siquiera tuvo derecho a un abogado, y el juez Julius Hoffman lo mandó encadenar y amordazar en pleno juicio. Lo tuvieron que juzgar aparte, y así se convirtieron en los Siete de Chicago, que originalmente eran ocho.
El juez Hoffman (que no guardaba parentesco con Abbie) fue completamente parcial y cruel con los acusados, sobre todo porque Abbie era muy bromista al llegar a la corte con una toga y burlarse a cada rato de él. Cuando le imponían cuantiosas multas, él decía:
“¿No me la puede dejar en tres con cincuenta? Usted le habría servido mejor a Hitler”.
Aunque participaron en el estrado importantes intelectuales de la época, como el poeta Allen Ginsberg o el ganador del Pulitzer Norman Mailer, el juez condenó a cinco de los siete a cinco años de cárcel, pues aunque se demostró que no participaron en una conspiración, sí hubo desacato a la autoridad e incitación a la violencia durante las manifestaciones. No fue sino hasta el 21 de noviembre de 1972 que quedaron absueltos de toda culpa. Hoy en día solo sobreviven Weiner y Froines.
El caso impactó e impactará. En su momento, los disturbios fueron publicados en la edición de agosto de 1968 de EL HERALDO de León, y la autobiografía de Hoffman “Soon to Be a Major Motion Picture” es excelente.
Bien decía la canción de Bob Dylan que aquellos años “los tiempos estaban cambiando”.
