Parecía que ya no había “algo” más que pudiera asustar al pueblo de México y no fue así. El conformismo de la sociedad ante tanta y tanta violencia, ha quedado en evidencia está semana, que se convirtió en la más estremecedora de ataques directos del crimen organizado a la población civil, generando terror y pánico colectivo a un sin número de mujeres, niños y hombres, que fueron abatidos y heridos sin más, a merced de grupos del narco, haciendo gala de la fuerza que los acompaña con armamento muy superior a las fuerzas del orden.

Como si fuera una película de guerra, las imágenes hablan por sí solas, al ver a salvajes vestidos con equipos tácticos disparando sus potentes armas, a diestra y siniestra en locales comerciales, en estacionamientos de estos mismos lugares, prendiendo fuego y generando terror a ciudadanos indefensos que simplemente, hacían su vida normal, al entrar a consumir algún alimento. Ya ni eso, podemos hacer en nuestro país. Entrar a una tienda a comprar un refresco, es sinónimo de muerte en cientos de municipios de México.

La sociedad entera, está en manos de los diversos cárteles del narcotráfico, que hacen lo que les viene en gana, sabedores que cuentan con permiso del propio gobierno federal para matar a quien les da la gana, del pueblo. Todo esto, ha sido resultado de la pérdida de valores morales de nuestra sociedad y la enorme corrupción que el gobierno de López Obrador, ha filtrado en todos los estamos de la comunidad, ante el silencio y complicidad de la clase política y en algunos casos, empresarial del país.

Hemos transitado del horror y terror de ver cuerpos descuartizados a la vista de todos, como si se tratará de componentes urbanísticos que acompañan al ciudadano en su día a día, con el estúpido atenuante de los políticos municipales, estatales y federales, “que se trata de ajustes de cuentas de grupos rivales, del narco, que luchan por la plaza”, a sacerdotes asesinados a sangre fría y ahora, a la población civil sin deberla ni temerla. Por él sólo hecho, de matar a quien les plazca, porque sí.

La transformación del país, a manos de la autodenominada 4T, ha traído cómo resultado convertir a México, en un verdadero y consolidado narcoestado, donde gobierna el crimen organizado, con la complicidad del gobierno de AMLO. La política pública, convertida en “abrazos y no balazos” ha traído como consecuencia la impunidad y descaro, de lo que hoy todos los mexicanos vivimos, el terrorismo, a manera de modelo de vida, para el pueblo, como si se tratara de una pesadilla de la que tarde o temprano despertaremos.

El populismo impuesto por López Obrador, su partido MORENA y el gobierno, han respaldado la dispersión del poder, con los distintos capos del crimen organizado, que gobiernan los distintos estados del país. Es por ello, que todo México se encuentre en manos de los cárteles del narco, sabedores que cuentan con todas las prerrogativas que el poder político que hoy gobierna, les ha transferido. Motivo por el cual, entre más se militariza el estado mexicano, mayor fuerza tiene el crimen organizado, al contar con la complicidad del ejercito que simula luchar contra ellos.

La decadencia política en México, es una realidad. La disolución o la falta de poder y eficacia de las propias instituciones públicas, en la actual administración de López Obrador, no ha sido una casualidad en estos casi, cuatro años de pesadilla de gobierno. Todo esto, ha creado la necesidad de nuevas identificaciones y lealtades. Estas pueden traducirse en una identificación con un grupo que ya existía (ex priístas y panistas) en forma latente o efectiva en la sociedad tradicional.
¿No cree usted?

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