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Los niños, las mujeres y la violencia

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En los días que corren, hemos tenido ocasión para escuchar adjetivos hacia la infancia y las damas; y, la enajenante ciencia del mercado, nos ha conducido a sufrir, pensando la forma de manifestar el cariño hacia esos seres, con quienes compartimos la vida con mayor o menos intensidad.

Sin embargo, poco pensamos sobre qué falta a esos seres para encontrar aunque sea una felicidad transitoria, acaso fugaz. Habremos reflexionado lo que daría un niño por conocer o simplemente saber, quién es su progenitor. Tal vez la distancia entre las generaciones de padres e hijos, hace difícil entender un problema tan sentido en los infantes y que para la mayoría los adultos, pasa desapercibido.

Bueno sería que la sociedad en general y los legisladores en particular, pudieran idear la forma para que cualquier niño, por muchas que fueren las opciones para saber quién lo engendró, pudiera tener la satisfacción de remediar la irresponsabilidad de quien hizo posible su existencia. Dar a toda persona humana la oportunidad de conocer su historia completa, sería una forma de atender a un derecho elemental: saber su origen biológico, por irresponsable que fuere el autor. No sería gravoso para la sociedad, crear condiciones para que cada uno tuviera completa idea de su identidad ¿será un buen regalo para todos los niños, que los adultos trajeran a su atribulada conciencia,  el propósito de completarles su identidad jurídica?

El femenino es elemento fundamental para que la vida en general y la existencia consciente, pueda darse sobre la tierra. Cada día, se conocen más atrocidades cometidas en contra de las mujeres, comenzando por la discriminación a causa de su género, iniciando por quienes aún no se liberan de la idea patriarcal de la familia, aunque el femenino es la base de que socialmente exista.

Empero, aún no se aborda completamente la carga de la mujer en el seno del hogar. La violencia que su enferma pareja ejerce sobre ella, o las condiciones mentales que la hacen víctima de sí misma. Toda esa carga que no se explica cómo la llevan a cuestas, debe ser vista con solidaridad por los legisladores que deberán hacer estudios profundos para ayudar a los hogares a recomponer el tejido social.

No es posible permanecer impasibles ante tanto sufrimiento. Regalar a la madre paz en su hogar, sería el mejor presente que pudiéramos ofrecerle; crear condiciones para enfrentar la enajenación que padecen por igual: padre madre hijos y hermanos, es obligación ineludible del Estado, que deberá generar funcionarios capaces de reconocer el problema y prepararse para enfrentarlo con expectativas de solución. Recomponer el tejido social, con base en el respeto entre quienes conviven cotidianamente, sería un principio sólido para alcanzar la paz social, con justicia.

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