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LOS NÁUFRAGOS MASACRADOS

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A lo largo de la historia de la humanidad, siempre han existido verdaderos psicópatas, cuyas habilidades para manipular a otras personas han terminado en situaciones de extrema violencia. Entre los más famosos está Charles Manson y su siniestra familia, o el líder sectario Jim Jones. Uno de los menos conocidos, pero igualmente escabroso, aconteció en 1629, cuando un hombre llamado Jeronimus Cornelisz fue responsable de la muerte de 341 personas entre hombres, mujeres y niños. A este caso se le conoce como “El Naufragio del Batavia”.

Corría el siglo XVII y el 28 de octubre de 1628 zarpa el Batavia, desde Texel, en el norte de los Países Bajos, rumbo a Indonesia. En aquel entonces era una de las maravillas marítimas más impactantes de su tiempo, por lo que su navegación fue todo un acontecimiento. Quien estaba al mando era Francisco Pelsaert, junto con él viajaban más de 300 personas, entre ellas iba el experto soldado Wiebbe Hayes, también un boticario llamado Jeronimus Cornelisz, de 30 años, quien huía de la justicia por aliarse con un pintor de nombre de Johannes Torrentius, acusado por herejía, serio crimen en aquel entonces.

El viaje duraría alrededor de ocho meses, los cuales transcurría sin contratiempos, hasta que una fuerte tormenta ocurrió entre el 3 y 4 de junio, haciendo que el Batavia chocara en el arrecife de los Houtman Abrolhos, en la zona de Australia.

Cornelisz era lo que hoy en día llamaríamos un psicópata, manipulador, carente de toda moral y sentimientos. Cuando Pelsaert zarpó a buscar ayuda en tierra firme, tomó control de todas las armas y la comida y se alió con los hombres más listos y fuertes. Para evitar cualquier problema mandó a Hayes y sus aliados, zarpó a otro islote (donde por fortuna hallaron agua) y así tener absoluto control de todo y todos.

Hayes comenzó a preparar una emboscada, mientras su rival iniciaba la locura.

EMPIEZA EL TERROR

Cuando Cornelisz tuvo el poder, dio comienzo su reinado de barbarie: matar bebés porque “Hacían mucho ruido”, era común; asesinaba a prácticamente cualquiera que se le opusiera. Ahogaba y decapitaba no solo niños, sino discapacitados y enfermos. Su primera acción fue ejecutar a un soldado que supuestamente había robado vino y ultrajado a varias mujeres. Incluso mando matar a carpinteros que pudieran ayudarlo a restaurar botes.

Uno de los casos más impactantes fue el de Gijsbert Bastiaenz, predicador que era una de las pocas personas con preparación y cultura, por tanto, un rival para Jeronimus. A sus 7 hijos los mató con un hacha y, por si eso fuera poco, lo invitó a cenar con los asesinos de su familia.

Lo absurdo del caso es que él no mataba, sino que daba órdenes. Como muchos manipuladores a lo largo de la historia, no era él quien se empapaba de sangre.

La violencia y el miedo invadían a todos hasta que Hayes le hizo una emboscada, pues tenía 50 hombres, 30 más que Cornelisz.

Finalmente, el 16 d septiembre llegó un barco a rescatarlos, gracias a Pelsaret. Así fue como Jeronimus fue arrestado y juzgado. De acuerdo con las tradiciones de la época, se le cortaron las manos y luego se le colgó. Hasta el final juró ser inocente. Solo 68 almas volvieron a tierra firme.

La historia de Jeronimus y el Batavia ha inspirado novelas gráficas y varias obras de ficción. Incluso, se ha querido comparar con la novela “El señor de las moscas” de William Golding, donde unos niños naufragan en una isla desierta y, salvo un pequeño grupo de ellos, el resto se deja llevar por la violencia y barbarie.

Uno de los mejores textos fue escrito por Simon Leys y se titula, precisamente, “Los náufragos del Batavia”. Hoy en día, el lugar se conoce como “Beacon Island” y el 4 de febrero de 2015 se siguieron encontrando huesos humanos.

Como bien apunta el escritor Enrique Vila-Matas respecto al caso: “Parece más bien un guion de Hollywood, pero lo asombroso es que todo ocurrió realmente”.

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