
Muchos han sido los crímenes que han marcado la historia de México: desde magnicidios hasta masacres, asesinos en serie, casos de corrupción y el caso que recordaremos el día de hoy: uno de los robos a mayor escala que se tienen registro, en el que dos jóvenes estudiantes lograron lo que parecía impensable e imposible: robar el Museo Nacional de Antropología.
El mes patrio nos da oportunidad de recordar diversos episodios ocurridos en el pasado de nuestro país, así que vamos a remontarnos a 1985 para revivir esta historia digna de película.
Corría la década de los ochenta, con su estrafalaria moda y su música inolvidable, pero en México, aquel año la gente todavía se recuperaba del terremoto más terrible que le había tocado que enfrentar al país.
La mañana del 25 de diciembre, la gente celebraba la Navidad con armonía y paz, cuando los guardias del Museo Nacional de Antropología se percataron de una fatalidad: alrededor de 140 piezas de oro, plata, jade y obsidiana pertenecientes a las culturas maya, mexica y zapoteca, habían sido robadas.
En pleno día de asueto obligatorio, comenzaron las investigaciones y todos los funcionarios de los tres niveles hablaron a los medios de comunicación. Aquello era algo inaudito.
Fue Enrique Florescano, destacado historiados y escritor que en ese entonces fungía como director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) quien tuvo que dar la cara a los medios de todo el planeta. La procuraduría designó al comandante Florentino Ventura para encabezar la investigación. La prensa llamó a este hecho “El robo del siglo” y era verdad: nunca antes había ocurrido nada semejante. La magnitud fue tal que incluso intervino la Interpol, pues también habían robado una máscara de piedra verde.
El problema para los ladrones era que se trataba de piezas conocidísimas, de un precio invaluable. Entonces, paradójicamente era como si nada tuvieran. Nadie las podía vender. Además de las policías internacionales, la Asociación de Amigos del Museo realizó una colecta para ofrecer una recompensa de 50 millones de pesos para dar con los culpables.Pasaron los meses y el caso se fue enfriando.
LOS LADRONES
Los culpables no eran dos genios del crimen, sino un par de jóvenes que estudiaban veterinaria: Ramón Sardina García y Carlos Perches Treviño. Entraron a la 1:00 de la madrugada al museo, mientras los guardias festejaban la Nochebuena. Les tomó 3 horas desmantelar las 7 vitrinas. Todo fue sin esfuerzo, pues el museo no tenía medidas de seguridad tan estrictas porque no estaba habituado a un robo semejante. Los muchachos guardaron las piezas en mochilas y maletas, buscando la forma de venderlas, pero era sumamente difícil. Al ver el escándalo mediático que habían causado, Ramón quiso devolver las piezas, pero Carlos, quien fungía como cabecilla, se negó. Tuvieron que volar hasta Acapulco, donde buscaron gente vinculada al narco para que les consiguieran un contacto y pudieran vender las piezas.
Después de contactar a Salvador Gutiérrez, conocido como ‘El Cabo’ le ofrecieron el arte prehispánico. Parecía que todo saldría bien, pero no sería sino hasta el año de 1989 que la policía detuvo a Gutiérrez por otras actividades ilícitas, y tuvo que ‘cantar’ a la policía. Así, la procuraduría siguió a Perches durante 50 días, para ser capturado junto con su hermano el 10 de junio. Tras devolver las piezas, fue condenado a 10 años en el Reclusorio Sur.
Ramón, por su parte, continúa prófugo hasta el día de hoy. Hay todavía muchos cabos sueltos, pues se recuperaron 111 de las 124 piezas robadas. La película ‘Museo’ con Gael García, es una recreación libre de todo.Con respecto a este caso, Carlos Monsiváis, dijo, con mucho acierto, que si algo tuvo de bueno fue que los mexicanos supieron apreciar las piezas hasta que vieron las vitrinas vacías, o como dice el dicho: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.