Muchas veces escuché a grandes escritores decir que leían mucho más de lo que escribían, sin embargo hoy la fórmula parece estar invertida, “Los talleres literarios se multiplican mientras el mercado del libro atraviesa su peor crisis. Los autores sobran mientras los lectores cada vez son más escasos.” (García, 2018)
Y no estoy diciendo que ya no escribamos los que queramos y necesitemos hacerlo, si no que leamos mínimo a la par de lo que escribimos, ¿por qué?, porque la lectura es el alimento de la escritura, la lectura alimenta el lenguaje, el pensamiento, la imaginación, las formas, y si no leemos y solo nos dedicamos a escribir y escribir y escribir, el resultado seguro será muy liberador, terapéutico y sanador, como vomitar cuando nos hemos intoxicado o empachado. Pero así como el vómito no es nada, nada, nada agradable, lo que escribimos sin alimentarnos de la lectura serán tal vez un montón de palabras y pensamientos sin ton ni son.
Y bueno, así como Descartes alguna vez dijo “Pienso, luego existo”, (que va por otro lado de lo que literalmente parece decir, pero esa es otra discusión y yo no soy filósofa, sino filosa, a veces), pues eso debería ocurrir con la lectura y la escritura.
Por eso cuando descubrí el libro “LEO, LUEGO ESCRIBO. IDEAS PARA DISFRUTAR DE LA LECTURA” de mi escritora favorita Mónica Lavín, supe que había hallado un tesoro y una guía como docente de la clase de Literatura, para reflexionar junto a mis poco lectores alumnos, sobre las bondades y maravillas de la lectura, así como conocer algunos tips para “soltar la pluma”.
A través de sus 24 capítulos Mónica reflexiona de manera muy personal, como si estuviéramos charlando en el café, sobre leer, el cuento, los personajes, el narrador, al mismo tiempo sugiere y recomienda lecturas y autores, mientras entre un capítulo y otro se leen cuentos de variados y reconocidos escritores, para ejemplificar el punto del que se ha venido dialogando.
Y entonces, así, entre reflexiones, tips, recomendaciones y cuentos, quienes amamos la lectura y tratamos de contagiarla como el sarampión en la actualidad, encontramos más argumentos bellamente expresados, mientras tal vez nuestros alumnos encuentren alguna razón más allá de no reprobar la materia, para tomar un libro y dejarse atrapar, antes de atrapar la pluma.
“Los libros felizmente nos muestran un mundo más amplio; cargan ideas, vivencias, emociones, nos hacen pensar, sentir, disentir. La lectura como experiencia nos marca… nos permite expresarnos mejor, conocer, las palabras adecuadas, construir ideas y comunicarlas. Pero sobre todo los libros nos permiten experimentar un mundo más amplio, infinitos puntos de vista, tiempos y espacios. La literatura explora la condición humana: es su materia. Leer es conocer, comprender y tolerar. Lees es codearse con la belleza.”
“Leo, luego escribo”, Mónica Lavín.
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