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¿Y le tendrán paciencia al “Chavo”?

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Esa es la pregunta que desde ahora me hago yo, luego de la fulminante salida que los directivos “le dieron” al “Che-Lucho” Javier Luis Torrente; con la llegada de Gustavo “El Chavo” Díaz, nuevamente veremos los reacomodos al interior del vestidor y de la cancha en el equipo León.
Recordando a aquella ya no tan entrañable serie de televisión, esperemos que la llegada de éste “Chavo”, se vuelva a cantar en referencia al vestidor verdiblanco aquella tonadilla de: “qué bonita vecindad, donde vive el chavo” y en verdad el nuevo uruguayo traiga su torta, además de que la directiva panza verde le dé ahora sí, todo el apoyo; y si se puede el próximo torneo (si es que llega) le den los jugadores de peso (y de pe$o) que a la fiera le urgen ya.
Que podemos decir del nuevo técnico del León, pues que ya conoce (poco, pero lo conoce) el futbol mexicano por su reciente paso en Celaya, además de ser un trotamundos sudamericano como nos hace la presentación la oficina de prensa del club, donde sobresale haber dirigido a uno de los íconos uruguayos, como es el Nacional. Deseamos que ese palmarés le sea suficientemente necesario para aguantar las presiones de las que al último momento se quejó amargamente Torrente.
Tendrá “El Chavo” que lidiar en su nueva “vecindad” (vestidor) con “los Quicos” caprichudos, con los “señores Barriga” (los peces gordos), aguantar los berrinches de “los Ramones”, las cachetadas de la “señora enojona”, pero sobre todo tendrá que llegar con un escudo inquebrantable para evitar las brujerías de “la bruja del 71” (el que le entendió, le entendió), para tener calma y vivir en armonía mucho tiempo en este nuevo “barril”, en esta nueva casa que encontrará en el León, F.C.
Pues nada; que, dejando un poco esa fantasiosa comparación, sea bienvenido Gustavo Díaz, ojalá que la sangre charrúa, pero nueva, siga siendo el ADN que necesita la “Fiera” para recuperar la fiereza que poco a poco ha venido perdiendo. Y que los directivos hayan elegido correctamente, que al final de cuentas ellos (¿y alguien más?) son las manos que mecen la guarida del León.

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