
Las Vegas es una ciudad que a lo largo de su historia ha tenido infinidad de historias de crimen que contar. No es gratuito que se le conozca popularmente como ‘la ciudad del pecado’ debido al énfasis de esta urbe en el alcohol y los juegos de azar.
Desde canciones como ‘Viva Las Vegas’ de Elvis Presley, hasta películas como ‘Adiós a las Vegas’ o ‘La gran estafa’ (de la que hablábamos la semana pasada en esta columna) hay infinidad de historias en cada uno de sus casinos, en sus mesas de juego, en sus máquinas tragamonedas, algunas de ellas, cómo no, de crímenes que se volvieron mediáticos.
La historia de Tony Carleo, ocurrida en diciembre del 2010 ha aparecido en varios podcasts sobre estafadores, como es el caso de ‘The high roller heist’. Al igual que el caso de Terry Ellis, parece un plan orquestado por atracadores ficticios como la banda de Danny Ocean; pero todo fue completamente real.
La historia empieza en diciembre de 2010, cuando un hombre llegó al casino Suncoast y asaltó el lugar, llevándose un total de 19 mil dólares. Se trataba de Tony Carleo, quien tras realizar ese golpe sintió el deseo de adrenalina de cometer otro mayor, más arriesgado y peligroso.
Carleo se desplazaba por las luminosas calles de Las Vegas en su motocicleta, cuando de súbito vio el Bellagio, uno de los casinos y resorts más grandes y lujosos del mundo.
Totalmente seguro de sí mismo, estacionó su motocicleta y entró al casino, sin siquiera quitarse el casco. Vestido todo de negro, fue hasta una de las mesas donde jugaban dados de límite alto y desenfundó su pistola. Aquella noche se encontraba muy envalentonado, pues había consumido cocaína y oxycodona, sus drogas favoritas.
Los crupiers, al ver al hombre armado, optaron por darle fichas, que Carleo se llevó en su mochila. Al salir, se dio cuenta de una paradoja tan grande y deslumbrante como la ciudad en la que estaba: había robado 1.5 millones de dólares y era millonario; pero únicamente dentro del casino.
DE REGRESO
Carleo se quitó su casco y volvió al Bellagio, donde se dio la gran vida. Comía filetes de mil dólares, y se hospedó en la suite más cara. Los gerentes del hotel, al creer que se trataba de un cliente acaudalado, le daban facilidades y apoyos como huésped Premium. Después de todo, no era fácil dar con él. El lugar es inmenso: el casino del hotel mide 14,500 metros cuadrados.
Cuando iba a jugar a las mesas de póker, escuchaba que hablaban de él, lo que le parecía bastante interesante. En los medios de comunicación fue apodado como ‘the biker bandit’ (es decir, ‘el bandido motociclista’) debido a que la imagen de él asaltando con su casco era el único registro que las cámaras de seguridad tenían.
Siguió dándose la gran vida hasta que todo lo que le quedaron fueron 25,000 dólares en fichas.
Entonces, ingresó a un foro de póker en internet, donde ofreció vender las fichas al mejor postor. Lo que no sabía es que los detectives de la policía de Las Vegas, Sam Smith y Jason Nelson, le estaban siguiendo la pista, y que un crupier lo había ubicado como alguien que apostaba desmedidamente y usaba el sobrenombre de ‘Leo’.
Carleo por fin encontró a alguien que estaba interesado en tener las fichas en su poder. De acuerdo con las leyes del estado de Nevada, está prohibido colocar cámaras en los sanitarios de los casinos, por lo que hacer la transacción en un baño sería lo ideal.
Allí, entre inodoros, lavabos y mingitorios, Carleo se encontró con su contacto, quien lo esposó y le dijo que estaba arrestado. Se trataba de un policía encubierto que le puso una trampa.
El ladrón fue sentenciado a 9 años en el centro correccional de Lovelock, en Nevada donde, irónicamente, también estuvo O.J. Simpson.
Para las y los lectores interesados, pueden escuchar el podcast ‘The high roller heist’, donde se narra el caso a detalle.