LA PROTESTA DEL CUAU
Este escribano escuchó la entrevista al obispo de Morelos quien, al lado de un grupo de ciudadanos y de muchas familias del estado, realizarán una marcha por la paz, solicitando a las autoridades que, a la brevedad, tomen medidas eficaces para revertir los índices de impunidad y criminalidad que todos padecen en aquella entidad, y que los mexicanos compartimos, a pesar de que el presidente tenga otros datos.
La caminata será pacífica y, como lo aclaró el prelado, no puede impedirse a nadie que participe. Lo paradójico del tema radica en que el gobernador de Morelos, el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, expresó su voluntad de participar en la marcha.
La pregunta obliga: Si en el evento se exigirá a las autoridades que hagan su tarea para generar la tranquilidad de las familias, y el Cuau es y representa la autoridad… ergo, contra quién protestará el gober morelense, porque este escribano coincide con sus bellísimas lectoras y amables lectores, no es creíble que proteste contra el jefe máximo y caudillo moral de MORENA, partido que lo llevó a la gubernatura.
Pregunta obliga: ¿O esa decisión es una más de las acciones populistas para engañar bobos… o se trata de una broma de bastante mal gusto instruida y validada por la 4T?
OTRAS ARISTAS
Por lo demás, es inquietante lo que está sucediendo con los miembros del Ejército Mexicano y la Marina Armada, porque ahora, cualquier ciudadano con vocación de matarife, puede agredir a un soldado o a un marino, quitarle su armamento, cercarlo, encerrarlo, secuestrarlo, golpearlo, humillarlo y babosearlo, porque la instrucción es que esa parte del pueblo vestido de soldado, no puede ni podrá, levantarle la mano a la otra parte del pueblo vestido de civil, aunque este pueblo esté cometiendo un delito.
Es cruel y angustiante el tema, porque durante 18 años, el ahora presidente se desgañitó proclamando que el Ejército regresara a los cuarteles y dejara de hacer labores de policía. A seis meses de iniciado su gobierno, ni una ni otra cosa ha sucedido.
Es proverbial la lealtad de las fuerzas armadas mexicana, tanto al país como a su comandante supremo; pero también son seres pensantes que poseen una dignidad; que tienen familias que los esperan y que se angustian cuando el padre, la hija o el hermano salen de comisión…porque no saben si su familiar regresará con vida, o se los entregarán en una bolsa en el Forense.
La nota de El Universal (mayo 30, 2019) es elocuente. Solo en este semestre de la transformación que no transforma nada, nuestros soldados y marinos ha sufrido 106 ataques de grupos criminales en 53 municipios del país, distribuidos en 17 estados de la República.
SUS MUERTOS NO SON NOTA
Para muchos medios la cifra no alcanza la categoría de noticia, pero son 18 muertos y 38 lesionados en estas refriegas contra los malandros. No importa en donde hayan sucedido las cosas. Se trata de familia enlutadas a quienes los criminales les cambiaron la vida.
Es una silla vacía la que recuerda al familiar asesinado por el crimen organizado o no. Es el retrato del ser querido, colocado en una mesa en el rincón venerado de una casa, acompañado por una veladora y un Rosario.
Hace unos cuantos días, en La Huacana, Michoacán, envalentonados pobladores desarmaron a 11 soldados que participaban en una operativo contra la delincuencia en la región. De esto se desprenden tres vertientes: La primera, evidentemente, los soldados con repelieron la agresión porque tenían órdenes de no hacerlo. En un segundo plano, ¿Acaso los pobladores que desarmaron a los soldados, no estaban protegiendo a los delincuentes, lo que los convierte en cómplices de todos los ilícitos? Y en un tercer nivel, la acción violenta, se pregunta el escribano, ¿se quedará en la total impunidad?
De ser así, el futuro es claro: ahora, cualquier ciudadano podrá “ningunear” y humillar a soldados, policías y a cualquier autoridad. Es seguro que no habrá delito qué perseguir.
Desde luego, es necesario no perder detalle de estos sucesos, que lo único que revelan es el terrible debilitamiento de la autoridad, los índices de baja auto-estima entre el elemento humano de las corporaciones; y lo más grave en nuestra opinión… ¿Usted facilitaría que una de sus hijas o un hijo, entraran a combatir a los criminales, a sabiendas que éstos si pueden lastimarlos, humillarlos y quizá, asesinarlos, sin tener autorización para repeler las agresiones?
El Estado, es la única institución republicana que tiene la autoridad moral para ejercer la fuerza y con ello restaurar el orden. Lo demás, es un salto a la anarquía.
