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LA PATRIA ES PRIMERO

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En el Senado de la República, donde se concentra el federalismo mexicano, tiene como máxima esta frase. Cuenta la historia que, al ser enviado el padre de Vicente Guerrero, por el Virrey Juan Ruiz de Apodaca, a ofrecerle el indulto por deponer las armas; éste, dice a su gente “Compañeros, este viejo es mi padre. Ha venido a ofrecerme el indulto en nombre de los españoles. Siempre he respetado a mi padre, pero… ¡LA PATRIA ES PRIMERO!”.

Lo que se buscaba, en ese tiempo, era la definición y nacimiento del Estado mexicano. Cualquier sociedad requiere de normar su comportamiento, delimitar y zanjar el conflicto de intereses por la vía pacífica, eso nos librará de la guerra y de la barbarie. Es por eso, que los miembros de la sociedad, renunciamos a intereses propios, a parte de nuestra libertad, para que el Estado, sea quien tenga el derecho del uso monopólico de la fuerza y procure el cumplimiento del pacto social y el bienestar del pueblo.

Por esto es que se requiere del Estado, no porque los ciudadanos seamos buenos o justos; sino porque no lo somos.

Ante esta necesidad, el Estado es quien manda, hace la ley y obliga su cumplimiento. Por lo tanto, todos los Estados, a través de la historia y los que están en proceso de serlo; se fraguaron con sangre. No debe asustarnos ésta realidad, es la vida en común y en conflicto que tenemos. Entonces, el “Soberano” en quien recae la conducción del Estado, debe esgrimir el arte de tomar el poder que el Estado mismo posee intrínsecamente, el de conservarlo y el de utilizarlo.

En México, ese “Soberano” es el Presidente de la República, según el artículo 80 constitucional. Quien está facultado a “preservar la seguridad nacional y a disponer de la totalidad de las fuerzas armadas, para la seguridad interior” (Art. 89, VI). Es importante desvincular el concepto “seguridad nacional” al de impartición y administración de la justicia. Aunque son conexos, no son lo mismo.

La Seguridad Nacional debe ser procurada y atendida desde sus causales, no solo de los síntomas. Debe tenerse una visión integral, no solo considerarla como la parte preventiva, persecutoria y punitiva.

La facultad del mando de armas, es por la obligatoriedad que tiene el Soberano, de velar por la paz y mantener el orden social y el respeto íntegro a la legalidad. Como bien lo sentencia Maquiavelo, Hobbs, Marxs y Spinoza, el ejercicio del soberano no se da en un “reino” de la moral, del deber o del amor; es el campo de batalla de las relaciones de fuerza, de conflicto de intereses y de opinión.

Entre la ley del amor, del portémonos bien, y la ley de la jungla, está simple y únicamente ¡la ley!

El poder político, lo dice Bobbio, “utiliza la constricción física como es la que se ejerce mediante las armas”. En consecuencia, sí añadimos la visión de Webber, que habla del poder de grupos sociales en base a territorio y con uso de la fuerza para imponer condiciones exclusivas al Estado; estamos, con lo ocurrido en Culiacán, ante el escenario de la creación de un Estado dentro de otro Estado, por rendición. La misma condición que se tuvo para con los zapatistas, cuando aceptó Fox el reconocimiento territorial al EZLN.

¿Cuántas vidas vale defender y salvaguardar el Estado? Recordemos lo que dice Platón “veo pronto la destrucción en el Estado… donde la ley es súbdita y no tiene autoridad” ¿Pasamos de un Estado fallido, a uno rendido?

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