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La Ogresa de Dinamarca

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Este domingo 2 de marzo se lleva a cabo la entrega de los Premios Óscar y aunque no lo parezca, una de las nominadas a la mejor película extranjera guarda relación importante con esta columna, que se centra en crímenes mediáticos e históricos, pues se trata de ‘La chica de la aguja’, obra fílmica danesa que se inspira en una de las más escalofriantes asesinas seriales principios del siglo XX: Dagmar Overbye, culpable de asesinar a cuando menos ocho bebés.
El caso ocurrió de 1915 a 1920, en los tiempos del inicio, auge y conclusión de la Primera Guerra Mundial. Como todos sabemos, el conflicto bélico había dejado a varios países de Europa en la más absoluta miseria, además de muchas mujeres solteras que tuvieron la infructuosa esperanza de que sus maridos volviesen de las trincheras. Países como Dinamarca tenían que enfrentar una situación económica y social que hasta ese entonces nadie había vivido.
En este contexto, surge Dagmar Overbye, una granjera que como muchas mujeres buscaba salir adelante ante una situación muy adversa. Nacida el 23 de abril de 1887, Skanderborg, daba la impresión de ser una mujer bondadosa que llevaba a cabo una noble labor: contactar a las madres solteras y viudas que no podían mantener a sus bebés, y a cambio de una pequeña suma de dinero, ella se llevaba a la criatura y le conseguía un hogar con alguna familia pudiente de Europa. Dagmar había huido de su casa desde los 12 años, pues no soportó enfrentar a su padre golpeador. Se dedicó a robar desde esa edad y por tanto, a tener conflictos con la ley.
En 1912 se casó con Anton Peter Nielsen y tuvieron una bebé que murió en circunstancias inexplicables. Desde ese momento los focos rojos comenzaron a brillar. Años después, se quedó viuda y se trasladó a Copenhague, donde operó con mayor libertad.
En realidad, Dagmar no les conseguía hogar a los bebés. Lo que hacía era quedarse con el dinero y asesinar a los niños a sangre fría. Los ahogaba en tinas, estrangulaba o peor aún: los quemaba vivos en una estufa. Nadie sospechaba de ella, pues en primer lugar, sabía cuidar su imagen y en segundo, la situación del mundo no permitía a nadie pensar con claridad.
No cabe duda que es cierto lo que señala el director de ‘La chica de la aguja’, Magnus Von Horn, al medio ‘The Guardian’ el 6 de enero de 2025: “Cuando consideras a Dagmar solo como una asesina en serie loca, es fácil decir que lo que hizo fue malvado, pero cuando empiezas a ver la sociedad que la rodeaba, el asunto se vuelve problemático. Es como Ciudad Gótica: necesitamos a un supervillano que nos diga la verdad de nuestra sociedad”.

AMOR DE MADRE
Dagmar hubiera cometido cuanto infanticidio deseara, pero la historia daría un giro inesperado en 1920: entre las mujeres que les entregaron a sus bebés, estaba Karoline Aagesen, que perdió a su esposo en la guerra a quien la asesina le cobró 200 coronas por conseguirle un hogar a su bebé.
Sin embargo, se arrepintió y como pudo, consiguió un trabajo y el dinero necesario para recuperar a su hijo. El amor de madre afloró pese a todo. Sin embargo, Dagmar se limitó a ignorarla. Fue entonces cuando la denunció a la policía y todo salió a la luz.
Los agentes llegaron a la casa de la mujer, en el barrio de Vesterbro y tocaron a la puerta. Al no obtener respuesta la derribaron, topándose con un espectáculo de pesadilla.
En el suelo había pañales y ropa pequeñita por doquier, y en la estufa, huesos de bebé y un cráneo. En cuanto llegó a su casa fue detenida. No se sabe cuántos niños asesinó porque eran tan pequeños que no dio tiempo de darles su acta de nacimiento, pero se presume de 8 a 26.
“La hacedora de ángeles” fue el nombre que los medios le dieron a esta asesina, a quien se le quiso condenar a pena de muerte, pero terminó con cadena perpetua. Murió el 6 de mayo de 1929. La historia ha quedado plasmada en la película ‘La chica de la aguja’.

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