¿Han sentido que, por arriba de nosotros, en algún plano superior, cerca o distante, percibimos cierta densidad inexplicable, como un “vapor” acumulado sobre nosotros que disipa la luz visible y dificulta nuestros pensamientos?

Esa sensación que, impide observar un espacio luminoso, despejado y brillante. Es como si una capa, de “algo”, bloqueara nuestra sensación de tranquilidad.

En su presencia percibimos más la penumbra, los claroscuros y la sombra. Estamos intranquilos y nuestros pensamientos divagan entre la sensación de incomodidad, y precaución. Se asocia, también, a un cosquilleo que, algunos llegamos a sentir una palmada por arriba de nuestro ombligo. Es esa sensación de que algo, sin saber qué, va a suceder.

Nuestros sentimientos, pensamientos generados por nuestro cerebro, son, sin lugar a dudas, energía que de alguna forma se trasmite y en el espacio donde nos movemos se acumula, poco a poco, formando un campo, como una acumulación de pensamientos, constituyendo una especie de vapor condensado en forma de nubarrón.

De alguna manera esa nube evita el paso de la luz.

Nuestra energía se ve disminuida de tal forma que nuestros sentimientos tienen una tendencia hacia la tristeza, inquietud, malestar.

Todo ello, poco a poco, está provocando que nos alejemos de la tranquilidad y busquemos desahogar esa peculiar sensación que provoca irritación. Como sucede cuando el cúmulo de vapor y las cargas eléctricas desatan una chispa en forma de rayo que se desprende en una tormenta, además, la lluvia.

Percibimos eso cada vez mas cercano.

Mientras en algún lugar del olimpo, quiero decir, en el pináculo del gobierno actual, el autonombrado “tlatoani” de nuestro pueblo, -el que habla según su traducción del náhuatl, todas las mañanas, asegura que no hay de qué preocuparse, ya que en ese mundo onírico que vive, estamos en la abundancia plena, sin corrupción, narcotráfico, abuso. Solo hay armonía perfecta y sobre todo crecimiento constate en una economía boyante, saludable. 

Ni siquiera para los que han permanecido incondicionales a sus ideas se sienten tranquilos, ya que esa presencia flotante próxima o remota, es percibida por todos y cada uno de los habitantes de este país.

Ingenuos, astutos, ignorantes, cultos, pobres, ricos, chairos y fifís; todos por igual, se sienten incómodos.

Algunos se han manifestado en forma estratégica y han canalizado esa energía sin violencia, astutamente, motivados por aspectos de las necesidades básicas de cualquier ser humano en la pirámide descrita por el psicólogo Abraham Maslow (1908-1970)  que han sido ignoradas, pisoteadas, ayer y hoy, más que nunca.

Los que se han conformado para alzar la voz en partido político han recibido el rayo que desde le monte Olimpo, surcó los aires para intentar aniquilar una fuerza opositora.

Ningún punto de vista obsequiado por el parlante matutino, coincide con sus datos, visiones, situaciones o dichos.

Seguramente hay quienes intenten visualizar prototípicamente esas posibilidades narradas en su fantasía ficticia. Aquellos en espera de una solución divina, como sucedió en el obscurantismo de la edad media – de la sátira del siglo XVI: Epistolae Obscurorum Virorum (Cartas de los hombres obscuros)- que consiste en la práctica deliberada de evitar que, determinados hechos y conocimientos sean difundidos a la población; además, de introducir argumentos para “quemar” todo aquello que no este de acuerdo con el dogma y creencias del visionario salvador y su partido “morenista”.

 Otros, en forma de apariencia y conveniencia deciden participar, ya que a río revuelto podrán obtener algún beneficio personal, liberándose, de esta forma, de su angustia y cosquilleo confuso, difuso y profuso.

Los demás, vagan sin estar convencidos de la realidad. Solo transitan como verdaderos zombis, percibiendo aquello que les conviene y desechando lo que les angustia. No participan, solo siguen con movimientos autómatas, sin sentido, aunque atrapados en esa sensación de inquietud que los hace mover de un lugar a otro sin dirección clara ni decisión alguna. Repiten sin convencimiento lo que escuchan.

Estamos atrapados en la nube, entre esa densa neblina que impide apreciar con claridad lo que hay delante y mantiene limitados nuestras acciones, confundidos ante la disyuntiva de seguir, o parar, en un camino que pretende ser estrecho, escabroso, resbaladizo y poco seguro.

Guanajuato ha estado siempre presente en los grandes cambios. Nuestra región dió paso a la independencia. También, fue el protagonista del cambio de partido en el poder, que se consolidó en forma poco estable y madura.

Aprendimos, y obtuvimos experiencia.

Necesitamos de líderes transformacionales, no transaccionales, que con el ejemplo ayuden a inspirar. También, a tener una visión a largo plazo, para que la confianza incremente, a pesar de la poca claridad en la que vivimos hoy.

Nada es para siempre, la nube es pasajera.

¡Hasta la próxima!

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