Un tema controversial se ha corrido de boca en boca a nivel nacional, con la nueva adquisición de vehículos de lujo que fueron convertidos en unidades de policía de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado. Tal parece que se han tomado muy en serio aquello de comparar a la Ciudad de Guanajuato Capital con la Metrópoli de Dubai, sólo que en una versión más económica, digna del ingenio mexicano. Vemos con los ojos desorbitados, circular unidades policiales con un valor en el mercado (digo en el mercado, porque ya es de conocimiento popular que según los avalúos y cotizaciones del Gobierno, estarán valuadas unas cinco veces más arriba de su precio real) de 2 dos millones de pesos. Al respecto, tengo una pregunta, ¿cómo van a dar el mantenimiento a dichos vehículos? Recuerden que un Corvette Stingray tiene un motor 5.7, lo cual equivale en rendimiento a aproximadamente unos 5 cinco kilómetros por litro, es decir, que quizás el combustible sólo les dure unas cuantas cuadras. Además, dada la estructura de dichos vehículos, no comprendo cómo van a pasar en medio de tantos topes y baches con los que cuentan los municipios (hubiese sido mejor invertir ese dinero en tapar tantos baches, para que de esa manera pudieran sacar a pasear los nuevos juguetes del Gobernador). No quiero ni pensar en el desperfecto mecánico y de carrocería que van a producirse al pasar el primer tope en plena persecución (cualquiera que ha tenido un vehículo con rines deportivos lo sabe muy bien).
En fin, esperemos que todo salga como Dios manda (puedo augurar que Dios tiene destinado para esos lindos juguetes, el basurero estatal, o peor aún, en la cochera de algún alto funcionario que en una subasta “pública” los vaya a adquirir por un precio de risa, pasando a la historia de los guanajuatenses como la época en la que las patrullas eran Corvettes).
Y ya que estamos sobre ruedas, pasemos al punto de la seguridad. Hay déficits de policías en varios Municipios del Estado, y los muertos se siguen dando a la velocidad de un Camaro. Necesitamos que pisen el acelerador en las áreas de prevención del delito, capacitación real ( y no esas payasadas que contratan a precios exorbitantes y que no sirven de nada a los pobres agentes de la ley, que salen con diplomas en todo, pero con dominio en nada), legislación en materia de criminalidad, procuración de justicia (enseñarles que no deben de fabricar o manipular pruebas para armar sus investigaciones, sin importarles que cientos de inocentes reciban un castigo inmerecido), Poder Judicial (para que se les dé una verdadera autonomía y de esa manera den sentencias justas y no anden por los juzgados de oralidad dando autos de vinculación a proceso como si fuesen vasos de agua en viernes de Dolores), y dicho sea de paso, también darles una charla de ética y deontología a los representantes de los Derechos Humanos, para que ya se dejen de tanto protagonismo y se enfoquen en cuidar los intereses de los hombres y mujeres de bien, entre ellos los mismos empleados gubernamentales, a los que ya se hizo costumbre que se les vulneren sus derechos (sobre todo los laborales) y dejen de andar por la vida defendiendo al pobre criminal que se quejó porque le pusieron demasiado apretadas las esposas.
Estimadas autoridades, ¿Ustedes se sentirían seguros al transitar por plena ciclovía, y en la esquina te espere un individuo con el tatuaje de una lágrima en su rostro, y con tremendo machete más parecido a una espada samurái, te espere para despojarte de bicicleta, celular, cartera y accesorios? ¿Creen que exista seguridad cuando vemos en los noticieros, que hay delincuentes que llevan más de 400 detenciones y siguen tan libres como la paloma del Espíritu Santo? ¿Se atreverían a dejar su auto en la calle de una colonia popular durante toda una noche? ¿Es seguro entrar a desayunar un domingo en la mañana, al saber que hay una banda de asaltantes que entra y te despoja de tu Rólex y tu billetera? ¿podemos tener la confianza de abandonar nuestros hogares sin temor a que nos los vayan a desvalijar durante nuestra ausencia? ¿Podemos llegar a una tienda comercial, dejar nuestros vehículos y tener la seguridad de que no nos van a “cristalear” nuestras ventanillas para llevarse nuestros objetos de valor? ¿Podemos confiar en que llegarán los elementos de policía en nuestro auxilio, sin saber que con tantas injusticias en contra de ellos, ya tienen miedo de intervenir, porque si las cosas salen mal, ellos terminarán en la banquilla de los acusados de algunas de las salas de los juzgados penales?
No necesitamos un corvette, necesitamos soluciones reales, ya que recuerden, que la seguridad es un sentimiento totalmente contrario al sentimiento del miedo, eso, hasta un niño lo puede comprender.
