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LA FIESTA EL PAN Y EL CIRCO

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KALEYDOSKOPIO

No es fácil estar en un país en donde sexenio tras sexenio existen crisis de todo tipo.

La mayoría de las personas se siente fuera de contexto. Solo  estamos tranquilos con: “comer desordenadamente antojitos, levantarse tarde, ser empleados públicos con “padrinos de influencia”, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo, no faltar a las corridas de toros, divertirse sin cesar, tener las decoración de las instituciones mejor que las instituciones sin decoración, casarse muy jóvenes y tener hijos a pasto, gastar más de lo que ganan y endrogarse con usureros para hacer posadas, XV años y fiestas” (Pedro J. Fernández 2017).

Nada ha cambiado, desde los tiempos de Porfirio Díaz a la fecha, seguimos actuando de la misma forma, aunque estemos hoy con los avances tecnológicos e informativos de vanguardia seguimos sintiendo miedo.

Ese miedo a la incertidumbre de que en algún momento nuestra situación personal o social se vea comprometida. Es más fuerte ese desasosiego que, como lo menciona Fernández en su libro Yo Díaz, a la tiranía, la opresión o al servilismo.

No importa callar mientras tengamos estabilidad en el vestido y el sustento de cada día para evitar la dura necesidad de no comer o sacrificar nuestro bienestar.

Muchos mexicanos somos conformistas, supinando por una moneda en las esquinas (que dicho sea de paso deja mas que un trabajo regular), y realizando actuaciones que bien valdrían algún premio de esos que otorgan en las academias cinematográficas.

Somos tan organizados, que ante el menor rumor, obviamente no confirmado, de un posible desabasto de gasolina, el cerebro reptiliano se mostró en todo su esplendor cuando muchos automovilistas de nuestra ciudad salieron frenéticamente para obtener unos litros de combustible, que en caso de haber existido desabasto, solo hubiera mitigado y pospuesto su angustia por uno días.

No fuimos en esos momentos capaces de buscar información, a pesar de contar con un cerebro portátil que nos asiste para encontrar la más variada clase de informaciones, literalmente, al instante.

En esos momentos actuamos al unísono como si un guía etéreo nos amalgamara en una masa uniforme de entes cuyo único propósito es no contar con un bien perecedero no renovable que con un mínima molestia, evitará sacrificar nuestra pereza de pensar en algo más efectivo y organizado.

No es nuestro actual presidente quien ha creado incertidumbre que nos lleva al aparente caos. Somos, cada uno de nosotros, (aunque no hayamos votado por él) lo que de acuerdo a los intereses que tenemos, reaccionamos a las propuestas y modificaciones realizados con el propósito de instaurar la famosa “4T”.

Muchas decisiones y propuestas, son desde un punto de vista peculiar de quien las propone, tendenciosas y provocadoras, eso si, con su toque de cinismo  e ironía.

En lugar de buscar un acuerdo entre las fracciones y grupos de la sociedad, nos vemos envueltos en una serie de contradicciones, enredos, y conflictos que en lugar de beneficiar provocan que la energía que se produce como respuesta a esas acciones sea igual de intensa en la respuesta.

Toda América latina se encuentra sumergida en una serie de conflictos semejantes que hace suponer que hay un operativo que mueve los hilos para  mantener esta situación con un propósito y peso específico.

Son considerables coincidencias que guarda nuestra situación económico-política mexicana con muchos otros países al sur de nuestra frontera y más acentuado en el cono sur.

Somos candil de la calle y obscuridad de nuestra casa, que sin remedio nos enclava en permanecer así desde tiempos remotos subsistiendo como una historia sin fin.

No nos queda otra que continuar siendo observadores de nuestra ignominiosa actitud quiescente, individualista  y egoísta para ver como nuevamente se pierden oportunidades ante el progreso de otros y el estancamiento y retroceso de nuestro país.

Pero eso si, en diversión no hay parangón y el Gran premio de México de la Fórmula 1 ha ganado premios como la mejor organizada.

O la mega marcha de catrinas y catrines  que tuvo lugar el sábado pasado. Un evento que se esta volviendo tradición después de aquella película de Spectre (James Bond) que transformó el día de muertos en nuestro país y a raíz de ello surge el actual desfile.

Como dije en líneas pasadas, la diversión es prioridad y no importa nada de los demás mientras nuestro cerebro tenga suficientes hormonas de la felicidad en nuestro cerebro como la serotonina, endorfinas, etc,

-¡A seguir la fiesta!

Ya viene también el buen fin, el Festival del Globo 2019 y el maratón Guadalupe-Reyes que nos proveerá de la suficiente distracción como para olvidar nuestros aciagos problemas.

Pan y circo así nos mantenemos tranquilos.

¡Hasta la próxima!

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