(Segunda parte)
Capital humano
La primera estrategia, y la que recibe el grueso de la atención de políticas públicas, es la inversión en habilidades y entrenamiento. Si la mayoría de los trabajadores adquieren las habilidades y capacidades requeridas para las tecnologías avanzadas, el dualismo eventualmente se puede abatir en la medida en que los sectores de mayor productividad se expanden a costa de los demás.
Tales políticas de capital humano son sin duda importantes, pero una vez implementadas sus efectos se sentirán hasta dentro de varios años. Hacen poco para enfrentar las realidades presentes del mercado laboral ya que no es posible transformar la fuerza laboral de un día para otro. Además de que siempre existe el riesgo de que la tecnología avanzará más raído que la sociedad en su capacidad de formar a los que cada año ingresan a la fuerza laboral
Contratar más trabajadores poco entrenados
Una segunda estrategia es convencer a las empresas exitosas de emplear más trabajadores con bajo nivel de habilidades. En los países en los que la brecha de habilidades no es tan grande, los gobiernos podrían dar incentivos a las empresas a aumentar el empleo, ya sea de manera directa o con sus proveedores locales.
Los gobiernos en los países desarrollados también tienen un papel que desempeñar al afectar la naturaleza de la innovación tecnológica. Con bastante frecuencia subsidian las tecnologías intensivas en capital que reemplazan mano de obra, en lugar de incentivar la innovación hacía una dirección que sea más benéfica socialmente, para mejorar las condiciones, y no sólo reemplazar a los trabajadores menos capacitados.
Sin embargo, estas políticas probablemente no causarán ninguna diferencia en los países menos desarrollados. Para ellos, el mayor obstáculo seguirá siendo el que las tecnologías existentes brindan poco espacio para la sustitución de factores de producción. Es impensable una estrategia que implique usar más mano de obra poco capacitada en lugar de profesionales preparados o capital físico. Esto debido a que los estándares de calidad requeridos para formar parte de las cadenas globales de valor no pueden ser fácilmente alcanzados reemplazando máquinas con mano de obra.
Esta es la razón por la que la producción integrada globalmente en la mayoría de los países abundantes de mano de obra, tales como la India o Etiopía, descansa en métodos de producción intensivos en capital. Esto deja a muchas economías en desarrollo, desde países de ingreso medio como México y Sudáfrica, hasta países de bajos ingresos como Etiopía, en la incertidumbre. El remedio estándar de mejorar las instituciones educativas no genera beneficios de corto plazo, mientras que los sectores más avanzados de la economía no son capaces de absorber el exceso de oferta de trabajadores poco preparados. Ante esto existe una tercera alternativa.
Más empresas intensivas en mano de obra
Resolver el problema de insuficiente creación de buenos empleos requiere de una tercera estrategia, la cual tal generalmente es la que menos atención recibe. Consiste en apoyar las actividades económicas con un nivel medio de intensidad de mano de obra y capital, y que pueden absorber mano de obra con poco nivel de preparación.
Tales actividades intermedias, entre las que se encuentran los sectores del calzado, textil y vestido, pueden ser llevadas a cabo por empresas pequeñas y medianas, que no están entre las más productivas. Estos sectores ofrecen parte de la solución, pero lamentablemente raramente están en el centro de atención de las políticas públicas de innovación y transformación. Sin embargo, no cabe duda de que pueden proveer trabajos significativamente mejores en comparación con las alternativas en el sector informal, sin embargo, requieren de políticas públicas congruentes.
A manera de conclusión, así como lo señala Rodrik, podemos señalar que las políticas públicas en países desarrollados y subdesarrollados frecuentemente están demasiado preocupadas en promover las tecnologías más avanzadas y promover a las empresas más productivas. Eso está bien, pero no garantiza el éxito económico. El fracaso por no poder generar buenos empleos para robustecer una clase media, tiene elevados costos sociales y políticos. El reducir dichos costos requiere un enfoque diferente, dirigido específicamente hacía el tipo de trabajos que están alineados con la composición actual de las habilidades de su mano de obra. Eso es lo que los políticos deben entender.
El autor es Director General GAEAP.
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