Los escritores son, sin duda alguna, seres humanos muy complejos. Su habilidad de contar historias y crear personajes con palabras, oraciones, frases, párrafos y páginas enteras los convierten en seres llenos de interrogantes. Algunos de ellos han sido profesores, otros burócratas, otros aventureros, pero pocos, han conjugado su excelsa labor literaria con un asesinato.
Tal fue el caso de María Carolina Geel, cuya vida y obra recordaremos esta semana, y el caso en el que estuvo inmiscuida ha sido tema de otros libros (que no escribió ella, necesariamente) y películas. Se trató de una historia que, cómo no, parece una novela.
El nombre real de María Carolina Geel fue Georgina Elena Silva Jiménez. Nació en Santiago de Chile un 18 de agosto de 1910. Desde joven destacó por ser una escritora asombrosa, su prosa era realmente admirable, ganándose el respeto y la admiración de muchos de sus colegas, no solamente de Chile sino de gran parte de América Latina. Creció codeándose de los artistas más importantes de su país, hasta que publica ‘El mundo dormido de Yenia´, su primera novela, en 1946. Un año después publicó ‘Extraño estío’. Muchos de sus colegas, así como críticos de arte, elogiaban su capacidad para narrar la interioridad femenina.
Su seudónimo era María Carolina Geel, con el que fue conocida. Además de narradora, era una notable crítica literaria, y prueba de ello fue el libro ‘Siete escritoras chilenas’ que apareció en librerías en 1949.
Todo pintaba para que María Carolina fuera una de las mejores autoras de su tiempo, pero entonces, ocurrió un hecho que cambió todo.
CRIMEN DEL HOTEL CRILLÓN
Como toda escritora que se respete, Geel era muy apasionada. Se enamoró de un joven llamado Roberto Pumarino, con quien tuvo un romance de 5 años. El hombre era funcionario de la caja de empleados públicos chilena, y era 8 años menor que ella. Era casi inevitable que terminarían formalizando su relación. El joven le pidió matrimonio, pero Geel, como toda autora liberal, lo rechazó, pues para ella casarse era vivir atada. Al ser rechazado, Pumarino anunció su compromiso con otra mujer.
Así es como todo nos lleva al 14 de abril de 1955, al salón de té del Hotel Crillón, uno de los lugares más prestigiosos de Chile de su época, donde se reunía la crema y nata de la intelectualidad.
Pumarino estaba sentado tranquilamente, cuando, en punto de las 17:30 llegó Geel con su abrigo entre manos, de donde sacó un arma baby Brown calibre 6.35 y le disparó tres veces, de forma certera. Los testigos señalaron que la autora corrió hacia el cadáver y lo abrazó, llorando, al momento que susurraba: “eres lo que más he amado en esta Tierra”. A este terrible hecho se le conoce como ‘El crimen del hotel Crillón’.
Geel fue sentenciada a prisión, donde toda la opinión pública chilena supuso que pasaría mucho tiempo. Sin embargo, nadie contaba con que una de las mujeres más importantes de las letras latinoamericanas habría de interceder por ella: Gabriela Mistral, quien había ganado el Nobel en 1945 y era cónsul de Chile en Nueva York.
Mistral envió una carta al entonces presidente de Chile, Carlos Ibañez, pidiendo un indulto para María Carolina Geel. Fue entonces cuando, después de 3 años de condena, la escritora salió de la Correccional del Buen Pastor, tras haber cumplido solo tres años de su condena.
Una vez fuera de prisión, María Carolina no quiso hablar del tema. La única información que hay al respecto es un párrafo en sus diarios, donde dice: “la verdad no será dicha jamás. Ni a ti. Ni a mí. Ni a ellos”.
Sobre este caso que desconcertó a la sociedad chilena de su tiempo se ha escrito mucho. En primera instancia está el libro ‘Cárcel de mujeres’ donde la propia Geel cuenta sus experiencias de forma desgarradora, como ella lo sabía hacer. Asimismo, recientemente salió la película ‘El lugar de la otra’, que es una vívida crónica de lo ocurrido.
