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LA DESGRACIA DE SER MEXICANOS

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En estos tiempos en donde nos hemos visto obligados a hacer un voto de soledad y aislamiento (término romántico para decir que fuimos obligados a enclaustrarnos en nuestros humildes aposentos), comienzan a gestarse diferentes ideologías, creencias, vicios, ociosidades, y una que otra psicopatología, que va desde la ansiedad, el miedo, la ira, hasta planear el asesinato perfecto de nuestro peor enemigo.

Y en estas calurosas noches de insomnio de esta ardiente primavera, al autor de estas líneas le ha surgido una interrogante, en medio de todo el caos ocasionado por un bicho invisible que trae al mundo de cabeza: en una desgracia de alcances mayores, ¿qué apoyo recibiremos de nuestras autoridades?

Entonces comprendo la desgracia de haber nacido en un territorio que lo tiene todo: recursos naturales al por mayor, rodeado por dos grandes océanos que no escatiman en darnos a manos llenas los beneficios de sus profundidades, mares, selvas, ríos, lagos, desiertos, acantilados, minas, gastronomía, ruinas arqueológicas, gente trabajadora y solidaria, y una lista interminable de bondades que no cabrían en esta breve columna. Sin embargo, tenemos el peor de los defectos: los gobernantes y sus partidos políticos.

En medio de esta desgracia, real o inventada, hemos comprobado que nuestro gobierno, a cualquier nivel, desde el federal hasta el municipal, sólo han invertido en campañas publicitarias, quizás haciendo compras absurdas a precios millonarios poniendo como acertada excusa en estos tiempos demoniacos, que son para invertir en hospitales y hacer frente al COVID -19, pero para la sociedad desempleada, encerrada como monje en monasterio, llena de deudas, gastos, con los bolsillos rotos y el estómago vacío, no se ha dignado a dar ni siquiera un paupérrimo vaso de agua, ni ha mostrado su solidaridad en contribuir con la exención de gastos de primera necesidad, como el suministro de energía eléctrica o el agua potable.

Sólo se ha limitado a dar algunas despensas a los sectores pobres de la población a los que ve como “futuros votantes”, ya que es más fácil comprar a la clase baja que a la media y alta.

Al igual que los novios primerizos, que antes de conseguir el “sí” de la doncella, el gallardo caballero es capaz de dar los más costosos regalos, y una vez conseguido el objetivo, se vuelve el más miserable de los canallas, así mismo actúa nuestro gobierno.

Vivimos como un perro dentro de una carnicería, el cual tiene todo al alcance, pero el mezquino carnicero no le arroja ni un pedazo de mortadela. Así estamos los mexicanos, que en medio de una grave crisis, esperamos del gobierno una chuleta, y al final recibimos pura longaniza. Seguro estoy que en épocas de votaciones, las cosas cambiarán drásticamente. Y ahí estará muy puntual el buen mexicano, desmemoriado y feliz con su pedazo de chorizo. Un abrazo fraternal.

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