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Dos más uno, es…

Estamos viviendo momentos abrumadores que hacen de este tiempo una etapa que no es uno, ni dos, es tres.

Originalmente, el término estrés proviene de la física, concretamente de la física de metales, donde se aplica para referirse a la modificación que experimenta un cuerpo ‘elástico’ cuando actúa sobre él una fuerza externa. El responsable de introducir el término en la Medicina fue el médico y fisiólogo húngaro Hans Selye (1907-1982), al considerarlo un concepto central de su síndrome general de adaptación (SGA). Para el galeno, este término formaba parte de un concepto que servía para resumir una reacción natural y necesaria que pone en marcha una serie de respuestas orgánicas, fisiológicas, determinadas a protegernos de una agresión externa (pudiendo ser de carácter físico o biológico).

 Así es, estrés.

No sólo por la cantidad de presión que, en tiempo de elecciones, ocasionan el bombardeo informativo de candidatos, partidos políticos y noticias que saturan la mente de las personas, con noticias que en ningún momento invitan a la tranquilidad o la salud mental.

Por otro lado aunque la economía mexicana se ha sostenido a pesar de los numerosos embates en su contra, tanto nacionales (corrupción, estafas, etc.) como globales (negociaciones del Tratado del Libre Comercio, caída de los principales índices bursátiles), en México, la población económicamente activa recibió salarios por debajo de lo deseado y para mejorar su economía  no sólo cuentan con un trabajo, muchas veces con dos o tres e incursionan además en la economía informal, lo cual provoca situaciones de tensión personal, familiar y social.

Una investigación (Cordero, G Espinoza y B. Straffon) muestra los siguientes datos:

En nuestro país, la población económicamente activa comprende alrededor  de 54,696,638 personas, de las cuales sólo hay 377,649 personas con empleos formales. Por otro lado, existen 52 millones 866 mil personas desocupadas que aparentemente no tienen trabajo, muchos de ellos pertenecen a un grupo de empleo conocido como informal.

El empleo informal incluye los siguientes: trabajadores por su cuenta, emprendedores, trabajadores en empresas informales, trabajadores casuales sin empleo fijo, trabajadores domésticos remunerados, trabajadores a tiempo parcial, no registrados y empleadores de empresas informales. En conjunto, el 44% del empleo informal se realiza en empresas “formales”. Al separar las cifras para hombres y mujeres, este empleo informal, en el ámbito formal, se eleva a 50% del empleo masculino y 35% del femenino. En el caso de los hombres, las mayores proporciones del empleo informal se concentran en las actividades del sector agropecuario, en la construcción y el comercio – entre 15 y 16%- para ambos tipos de actividad.

 El empleo informal de las mujeres se concentra y aumenta en el comercio, (38.3% en el 2017), en los servicios diversos (24.3%) y en la industria (16.3%). La mayor parte de las personas que laboran en la formalidad, (99.7%), lo hacen en la posición de trabajadores subordinados y remunerados, en cambio sólo 47% de los que se emplean informalmente lo hacen en esa posición. En la informalidad, 36.4% de las mujeres y 35.5% de los hombres son empleados y 3.8% de las mujeres y 9.9% de los hombres son empleadores. Y trabajan sin remuneración entre el 20 y 15% de las mujeres, frente a 9 y 8% de los hombres.

Ante la evidencia de que existe una importante proporción de trabajadoras informales que están en los rangos más bajos de salario, o que no reciben ningún tipo de salario y que participan en menor medida en el mercado de trabajo, resulta indispensable hacer una relación con las condiciones de pobreza de este grupo de población.

Las cifras muestran que 61% de los empleados informales no son pobres, frente a 39% que sí lo son.

De los que trabajan menos de 15 horas, 59% de las mujeres gana un salario mínimo frente a 40% de los hombres; en jornadas de 15 a 34 horas, la proporción de las que ganan un salario mínimo es mayor (32%) que la de ellos (24.5%). El 8.8% de las mujeres que trabajan de 35 a 48 horas ganan más de 3 a 5 salarios mínimos frente a 14% de los hombres, y más de 5 salarios por más de 48 horas de jornada laboral, sólo lo obtienen el 5.7% de las mujeres frente al 11.4% de los hombres.

Tener varios trabajos es normal y sólo para cubrir las necesidades básicas propuestas por Maslow.

Así estamos acostumbrados y pensamos que tener un Presidente bonito, querendón, consecuente, tradicional o de retaguardia, caudillo, de izquierda o derecha hará la diferencia.

No es una, ni es dos ni es tres, el conjunto de personajes que podrán cambiar a México, somos la unidad, (no un tercio de la población con trabajo y otro grupo robando)

¿Te gusta el atole con el dedo?

¡Hasta la próxima!

Dr_rethcuel@yahoo.com

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