En sus tiempos, España fue un gran coloso y una de las grandes potencias a quien se le consideraba ser la descubridora del Nuevo Mundo, al cual trajo el origen de la sociedad iberoamericana.
El autor argentino Rodolfo Puiggrós establece que dicha conquista colonizadora trasladó los modos de producción, las relaciones de clase, el sistema de creencias, las ideas y costumbres, etc. Creo, que también nos trasladó toda la cultura europea y aquí entra también el pensamiento de Platón y por supuesto, el pensamiento del filósofo Aristóteles. Confieso que entrar al mundo fascinante de Aristóteles es toda una aventura, que nos puede llevar a confines inimaginables al darnos cuenta que muchas de sus tesis, después de dos siglos, aún siguen vigentes en el mundo contemporáneo. Por lo que hoy voy a citar uno de sus principios que aún se encuentran vigentes, y que me permito comentar a renglón seguido: “Trato igual a los iguales y desigual a los desiguales”, este principio tiene cabida en los lugares en donde el hombre interviene y le da vida, primordialmente, a uno de los principios generales y más trascedentes del Derecho, como es el de la igualdad, aquí seré puntual, en la forma de aplicar este principio es:
1. ¿Si son iguales, en base a qué criterio?
2. ¿De qué manera desigual, tratar a los desiguales?
Eduardo Rabossi decía “en los sistemas antiguos, la posición legal de cada individuo dependía de haber nacido libre o esclavo, de ser noble o villano, de ser nativo o extranjero, de ser hombre o mujer, etc.” Lo anterior se transformó en el año 2011 con las reformas que tienen que ver con los Derechos Fundamentales del hombre y es cuando, verdaderamente, los Tratados Internacionales de los que México forma parte, se hacen vigentes en nuestro Derecho mexicano. Citar los artículos me llevaría toda la columna, solo hablaré de los Tratados más importantes: Convención Americana sobre Derechos Humanos, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, etc.
La idea central, es cambiar el paradigma de que en México hay ciudadanos de primera y de segunda, todos somos iguales, y al hablar de este derecho a la igualdad, me refiero a la equidad de género, en tratándose de hombres, mujeres y niños, en suma, la Corte Interamericana establece que la igualdad “es inseparable de la dignidad esencial de la persona, frente a la cual es incompatible toda situación que, por considerar superior a un determinado grupo, conduzca a tratarlo con privilegio o porque a la inversa, por considerarlo inferior, lo trate con hostilidad o de cualquier forma lo discrimine del goce de derechos que sí se reconocen a quienes no se consideran incursos en tal situación de inferioridad.”
En este contexto, el debido proceso debe de estar presente en toda intervención del Estado en el cual se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento. En este orden de ideas se debe de proteger tanto a la víctima como al imputado, actuando con la diligencia, prontitud, eficacia y participación que amerite cada caso, no se puede permitir que no se castigue al culpable por la falta de actuación de los intervinientes, pero tampoco se debe de actuar criminalizando con perspectiva en la discriminación, porque a los ciudadanos no se les debe de etiquetar como ricos o pobres y se les debe de juzgar con perspectiva de género, lo cual es todo un reto porque una cosa es la teoría y desafortunadamente otra es la práctica. Sin embargo, la sociedad en su conjunto está cada día más preparada y se entera que debe de privilegiarse aquel principio que esgrimió Aristóteles y con el cual cierro esta mañana:” Trato igual a los iguales y trato desigual a los desiguales”.
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