Me llegó un WhattsApp de mi querido amigo, Benjamín Cordero Hernández, (quien, por cierto, acaba de recibir el Premio Estatal de Periodismo), sobre la historia de las jacarandas en México, y se las quiero compartir. Está basado en un artículo de Sergio Hernández Galindo, del 2016.
“¿Cómo llegaron a inundar la Ciudad de México los árboles de jacaranda?
La razón está escondida en un migrante japonés: Tatsugoro Matsumoto. Él era un jardinero imperial en Tokio, que estudió el antiguo arte de la jardinería japonesa llamado “ueki-shi”, reconocida desde la era Muromachi (1336-1573) cuando el gusto por los jardines, los arreglos de flores y la llamada “ceremonia del té” hizo que mucha gente se especializara en estas artes.
El primer país latinoamericano al que llegó Matsumoto fue Perú, en 1892, pues Óscar Heeren lo invitó a crear un jardín japonés en su famosa Quinta. Allí lo conoció el rico hacendado mexicano, José Landero y Coss, quien quedó maravillado por la obra de Matsumoto; tanto así, que lo invitó a que creara un jardín del mismo tipo con su lago artificial, en su Hacienda de San Juan Hueyapan, cercana a Pachuca.
Tatsugoro fue uno de los primeros inmigrantes japoneses que arribó a México, justo un año antes de la primera emigración masiva de pioneros japoneses a Chiapas, en el año 1897.
Antes de venir, viajó a Japón, para visitar a su esposa y apoyar en el mantenimiento del jardín japonés que se construyó como parte de la exposición internacional de 1894 cerca del Golden Gate.
Cuando Matsumoto llegó a la Ciudad de México, la colonia Roma se encontraba en su apogeo y era de los barrios más elegantes y el preferido de los nuevos ricos que surgieron durante el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911). La mayoría de las casas eran muy grandes y tenían una extensión de jardín en la que surgió la necesidad de tener a alguien encargado de cuidarlos. Matsumoto, sin duda, era el indicado para diseñar y cuidar los jardines de las residencias elegantes de todo el barrio, pues más que un jardinero, era como algo semejante a un arquitecto paisajista, ya que, como habíamos comentado, en Japón se había graduado como “ueki-shi”.
Su increíble trabajo comenzó a crearle fama, tanta que llegó a los oídos del presidente Porfirio Díaz, quien le pediría que se hiciera cargo tanto de los arreglos florales de la residencia presidencial, instalada en el Castillo de Chapultepec, como del mismo bosque que rodeaba el enorme castillo.
En 1910 se celebra el primer centenario de la Independencia, así que el gobierno del presidente Díaz invitó a varios gobiernos, entre ellos al de Japón. La delegación de Japón en México patrocinó una importante exposición de productos japoneses en el “Palacio de Cristal” que hoy se conoce como el Museo del Chopo. A un costado del palacio, Matsumoto montó un jardín con un pequeño lago artificial que inauguraron el propio presidente Díaz y la delegación diplomática japonesa.
Ese mismo año, llegó el hijo de Matsumoto a México, Sanshiro Matsumoto, quien le ayudó a administrar su negocio, algo a lo que el padre no le ponía mucho cuidado. Juntos comenzaron a crear un gran emporio con todo y las dificultades del movimiento revolucionario en México.
En 1922, una joven llamada Maso Matsui, llegó a México para casarse con Sanshiro. Ella y su suegra abrirían una florería en la parte frontal de su casa, donde vendían arreglos florales para fiestas y ceremonias de distinto tipo como casamientos. Durante décadas, la florería adquirió tal fama que fue el lugar más importante en su género. (Continuará).
