“Érase un país donde a la gran mayoría de sus habitantes les gustaba la mediocridad en… prácticamente todo. No había área o sitio predilecto.
Muy pocas personas tenían la curiosidad de crear algo diferente o nuevo. Les encantaba lo ajeno o lo que sonase a ello. Partidarios de evitar el cambio, de vivir en el pasado y de mantener su intimidad y sentido de pertenencia, arraigados aunque estos fueran obsoletos y poco prácticos”.
¿Algún parecido con nuestra realidad?
¡Solo pura coincidencia!
El crecimiento económico ha sido siempre el caballo de batalla de cualquier país, independientemente de su nivel de desarrollo económico.
Las economías prósperas, me refiero a los países ricos, realizan estrategias para continuar creciendo a ritmos elevados con el objeto de mantener el nivel de vida de sus ciudadanos. Los modelos y teorías de crecimiento económico endógeno (endo= dentro) sugieren la importancia de tener una elevada reserva de capital humano como elementos claves para el desarrollo económico.
Mientras en países como México, lo hacen mediante la persecución del crecimiento económico que libere recursos sin necesidad de acudir a los cada vez más difíciles mercados internacionales (léase petróleo, drogas, armas, dedocracia, etc.)
Tenemos miedo a la competencia y al desplazamiento de nuestro puesto de trabajo, en mayor o menor grado. No importa si eres el mismísimo dueño, Director General, Chief Executive Officer (CEO), por sus siglas en Inglés, que dicho sea de paso, luce más bonito, digamos, exótico; aunado al conjunto de empleados por debajo del organigrama de la gran, mediana, pequeña y personal empresa.
No importa quién seas, si a nuestra puerta llega alguien con capacidad superior a la nuestra, las alarmas de la inseguridad suenan en nuestro interior y actuamos como presas aterradas ante un depredador. En vez de evaluar la situación como un área de oportunidad, crecimiento y aprendizaje, la vemos como una amenaza que nos atacará y destruirá.
Ese miedo fundado o infundado, es real y patente.
Ante ello y a nuestro e-g-o, lo único que se ocurre hacer es decir que se encuentra sobre calificado.
Lo que en verdad queremos decirle:
–Tú representas una amenaza para mí y mi estabilidad.
Esta situación ocasiona un efecto que se le conoce como: “fuga de cerebros”.
En general, se admite que, la fuga de cerebros tiene una clara secuela negativa para el país del que parten las personas.
De acuerdo con un artículo publicado (Boletín Económico de ICE, julio-Agosto 2003) es por dos razones:
En primer lugar, sufre un proceso de descapitalización (humana) que disminuye la tasa de crecimiento potencial de su economía a medio plazo.
En segundo lugar, la fuga de cerebros convierte el gasto público de los países emisores en ineficaz y no equitativo.
Permitimos la salida de mentes brillantes, justificando internamente que regresarán sabiendo que eso no será así.
Nuestro país es el quinto país con más empresas familiares en el mundo, de acuerdo con un estudio de la Business Families Foundation (BFF) que incluye a las 250 compañías más grandes controladas por familias.
Estas empresas no permiten la entrada de capital humano externo en puestos claves que puedan ser un riesgo para los miembros de la familia. Con las excepciones de grandes corporativos como Grupo Carso, Bimbo, Soriana, Cemex, Grupo Femsa o Maseca, sólo por nombrar algunos, las demás empresas familiares NO cuentan con un Gobierno Corporativo.
Las claves para evitar las fugas de cerebros y el éxito de las empresas mexicanas se basan en 4 puntos o estrategias (Expansión 2017).
1.- Explotar y Explorar.
Es decir, el mercado y al mismo tiempo buscar nuevas posibilidades. Y es que en el mundo actual, «disruptivo y amenazado por la tecnología», es necesario innovar constantemente.
2.- No al control.
“El empresario mexicano lo que quiere es controlar a la compañía. Al hacerlo, no deja que el legado crezca.
3.- Educar para ser accionista: NO DUEÑO.
Las empresas exitosas son las que no obligan a los sucesores a tomar el control de las firmas. En su lugar, transmiten valores, pasión por el negocio y sentido del emprendimiento a las nuevas generaciones.
4.- Institucionalización.
Si en una empresa familiar existe sentido del emprendimiento, valores, habilidades de gestión, pero no hay sentido de pertenencia ni reglas que encausen sus fortalezas, podría estar en riesgo de morir, porque nadie va a querer perpetuar el legado empresarial.
Para ello es necesario crear un Gobierno Corporativo, así como una oficina de familia. Esta última se encarga de gestionar las reglas del patrimonio y decidir en qué se invierte el dinero de la familia.
Debemos preparar y consumir nuestras mentes para dar certidumbre al crecimiento económico de nuestro Municipio, Estado y País.
¡Hasta la próxima!
¿Y después del debate?…….
Evitemos la fuga de cerebros y las descalificaciones.
Requerimos UNIDAD.
