Como cada 1 de noviembre, los vivos celebraron a los “muertos chiquitos” en diferentes cementerios de la ciudad. El San Nicolás fue uno de los más concurridos, sobre todo en la sección dedicada específicamente a quienes murieron a edad temprana.

El “piso” dedicado a los muertos pequeños en el Panteón San Nicolás, uno de los más antiguos de León, destaca de inmediato por su colorido y sus ofrendas. Las tumbas están rodeadas de una pequeña cerca, asemejando a un corral o una cuna. Algunas de las lápidas dicen más en unos cuantos números, pues los pequeños nacieron y fallecieron el mismo día. Hay además todo tipo de juguetes, como cochecitos o muñecas raídas y empolvadas. Las fotografías de los pequeños sobresalen por entre el pasto, las lápidas y las cruces.

Una pareja llega alrededor del mediodía a la tumba de la pequeña Alexa, quien falleció hace 4 años por causas naturales. El hombre y la mujer guardan respeto mientras miran la tumba y se dedican a limpiarla. La pequeña falleció siendo apenas recién nacida.

Desgraciadamente, su caso es uno de tantos en la sección para niños del Panteón San Nicolás. Otro ejemplo es el de Esteban Nicolás, quien murió de una neumonía con un año de edad. Su padre y madre llevan un ramo de flores y aún guardan duelo, pues murió en diciembre de 2017.

Pero no todos los vivos rinden tributo a los niños. No faltan los adultos, como Martha Márquez, quien limpia y pinta la tumba de su difunta abuela, María Natividad, quien dejó este mundo en 1981. León atravesaba la década de los treinta del pasado siglo cuando la señora abandonó este mundo.

A lo largo del día, la actividad comienza a florecer, y el cementerio se llena de vitalidad: comerciantes, gente que lava y limpia tumbas, y personas recorriendo el lugar sin parar. Poco a poco se preparan para el gran día que es hoy, en el que los vivos veneran a los muertos y los muertos regresan.

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