Las justificaciones para cometer un asesinato pueden ser de lo más diversas y en ocasiones absurdas.
Podemos enumerar las grandes carencias y emociones humanas, como la pobreza, la codicia, el miedo, la ira intempestiva.
Pero… ¿la posesión demoniaca? ¿Valerse de un supuesto demonio para salir bien librado en un juicio?
Puede parecer el argumento de una película de terror, pero han existido dos casos documentados en los que se usó el argumento de la posesión satánica para que los acusados o pudieran salir libres o en el mejor de los casos, se les redujera su condena.
Sobra decir que ninguno procedió. La razón y la ciencia se antepusieron.
Mañana es Halloween y después Día de Muertos.
Fechas idóneas para recordar las ocasiones en que los demonios se pasearon entre abogados y jueces pero sobre todo, para entender que la maldad está más presente en la mente de los humanos que en las puertas del averno.
El primer caso se le conoce como ‘La posesión de Michael Taylor’ y ocurrió en Inglaterra, durante el año de 1974.
Resulta que Michael se ganaba la vida como carnicero en la ciudad de Osset, en West Yorkshire y estaba casado con su esposa, Christine.
Era un excelente trabajador, un vecino tolerante y un marido ejemplar.
Un mal día se cayó de una escalera mientras realizaba unas reparaciones y desde ese momento, se quedó con un dolor crónico que lo acompañó toda su vida y lo convirtió en un hombre amargado.
Mientras, asistía a la iglesia, donde conoció a Marie Robinson, una chica veinteañera con quien forjó una amistad.
Ante la frustración con la que vivía el carnicero, le sugirieron realizarle un exorcismo con una secta, donde supuestamente se le expulsaron 37 demonios.
El encargado fue un sacerdote de nombre Peter Vincent, nombre que años después el director Tom Holland tomaría prestado para bautizar al cazavampiros de la película ‘Noche de miedo’.
El 6 de octubre de 1974, Michael llegó a su casa agotado por el exorcismo, y mató a su esposa de una manera horripilante: Le arrancó los ojos y la lengua.
Christine murió asfixiada con su sangre. Después, el hombre ahorcó a su caniche.
Taylor fue arrestado llevado a juicio. En la corte se usó el argumento de la posesión demoniaca, pero como era de esperarse, el juez no creyó una palabra, declarándolo inimputable, por lo que pasó 4 años en el sanatorio psiquiátrico de Broadmoor antes de ser liberado.
OTRO DIABLO
El segundo caso es más conocido gracias a las películas de ‘El Conjuro’, y se le conoce como ‘The devil made me do it’ (‘el diablo me obligó’) cuando en Brookfield, Connecticut, el 16 de febrero de 1981 Arne Cheyenne Johnson asesinó a su casero, Alan Bono, cuando intentaba seducir a su novia Debbie y después de haber estado tomando cerveza toda la mañana.
Lo que parecía un homicidio pasional, pasó a ser una novela de terror cuando se usó la excusa de que Arne estaba poseído, pues hacía unos meses se le realizó n exorcismo al hermano menor de su novia y el homicida había ‘retado’ el diablo para que entrara en su persona.
El caso se hizo mediático cuando intervinieron los supuestos exorcistas Ed y Lorraine Warren, famosos por las películas de ‘El Conjuro’, pero cuyos métodos son cuestionados en la vida real.
El argumento de estar ‘endemoniado’, como era obvio, no fue aceptado por el juez y Arne fue sentenciado a prisión. Hoy en día es hombre libre.
La realidad era simple: Fue un malcopeo que acabó mal, pero el caso destaca por ser la primera vez que en Estados Unidos se usó al demonio para negar la comisión de un homicidio.
Recientemente ha aparecido el documental ‘Juicio al diablo’, donde se le da un enfoque serio a los hechos lejos de toda la charlatanería en que los involucrados estuvieron envueltos.
En ambas historias, queda claro que no hubo ningún demonio.
Todo fue producto de la ira humana, que en ocasiones llega a ser más oscura que cualquier círculo del infierno.
