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Evolución a la vista

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Llegó el día después de mañana. No se armó una revolución, no hubo asaltos a almacenes, no hubo marchas ni plantones. Aun cuando muchos imaginaban ser protagonistas de una película al estilo Hollywood, comiendo de sus provisiones y resguardándose de rebeldes que quisieran apoderarse de sus bienes, lo que se vaticinó ocurrió, pero en parte. El anunciado triunfo de Andrés Manuel López Obrador, se consumó, pero afortunadamente sin contratiempos. Las casas encuestadoras pueden sentirse tranquilas y sus clientes pueden seguir confiando en ellas, porque sus estudios fueron acertados.

Aun cuando un gran número de mexicanos no simpatizaba con el candidato de MORENA, su anunciada llegada fue inminente. Podemos sentirnos por fin serenos, porque se están dejando atrás los mitos, los miedos, la incertidumbre. Aún faltan alrededor de seis meses para que el temido tabasqueño llegue a la silla presidencial y sin embargo, sus discursos y su conducta inicial, más mesurada y más confiable, nos permiten reflexionar a todos y nos infunde más calma. Sin duda, se han respetado las instituciones, las normas y los procedimientos.

El comportamiento de los otros candidatos a la presidencia de la República, también fue ejemplar. Éramos muchos los incrédulos que pensábamos que aún con toda la expectativa y los “resultados cantados” iba a haber un comportamiento electoral distinto y que el vencedor sería cualquier otro menos López Obrador. Están por otro lado, aquellos que aseguran que se trata de una victoria que el aún actual partido en el poder negoció por su bien, después del voto de castigo y la “paliza” que le propinó la propia población. Lo que es claro es que este cambio lo pedía a gritos la mayoría.

Una mayoría harta e inconforme de la corrupción, del adorno, de las desigualdades. Ahora le corresponderá a Andrés Manuel hacer una muy buena administración para saciar todas las expectativas que se tienen puestas en él, por lo que sin duda tendrá que priorizar y dar una rendición de cuentas satisfactoria, al final del sexenio. Se haya equivocado o no el electorado, su llegada es más que legítima y convincente y eso le dota de un nivel de confianza que hacía mucho no se depositaba en un gobernante. Varios países en Latinoamérica han experimentado ya, con mandatarios de izquierda. Les haya ido mal o bien, pero han pasado por ella. Cualquiera que sea la manera de gobernar de López Obrador, México ya ha ganado.

Ha ganado porque se atrevió a cambiar, se atrevió a reclamar y exigió a través del voto, que las condiciones de vida fueran diferentes. Todos merecemos más oportunidades de crecimiento, salarios y condiciones de trabajo más equitativas. Que si mantendrá a los “ninis”, que si favorecerá a los pensionados, que si de cualquier modo habrá gasolinazos, eso no lo sabemos aún, con plena certeza.

Por otro lado, como ciudadanos, nos tocará exigir y estar muy pendientes de su desempeño. Ahora será turno de las fuerzas políticas que también contendieron en las pasadas elecciones, de reinventarse, de cumplir, de efectivamente asociarse para representar a sus seguidores. A los escépticos, a los simpatizantes, a los que se encuentran “pintados” de otro color, a todos los mexicanos nos corresponderá apoyar y seguir en pie de lucha, cada uno desde su ámbito y trinchera, con el sólo fin de protagonizar y atestiguar que México crezca y se fortalezca.

marcialca@yahoo.com

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