Al leer los “Pensamientos” de Pascal la primera impresión es de asombro, de fascinación total, pocos filósofos en toda la historia del pensamiento han sido tan originales. Pero él no surgió ex nihilo; como todos los pensadores franceses es un profundo conocedor de los clásicos grecolatinos y de la Vulgata, así como de la patrística. Stricto sensu, toma una sentencia latina y la comenta, la explica o la critica. Alguna cita de Séneca o Marco Aurelio es el leitmotiv para explayar sus ideas, para ensayar a la manera Montaigne, pues el estilo pascaliano es único. En Francia los siglos XVI y XVII fueron prodigiosos en intelectuales: Montaigne crea el género ensayístico (mejor dicho, lo desarrolla y perfecciona, pues es otro caso típico de erudito de los clásicos antiguos, en quienes se inspira; principalmente Cicerón); Descartes revoluciona la filosofía, inaugurando la modernidad; Perrault recopila y pule sus célebres cuentos de origen medieval, los cuales servirán de modelo a los hermanos Grimm; Corneille y Racine crean la tragedia francesa inspirándose directamente en los tres grandes trágicos griegos: Esquilo, Sófocles y Eurípides; Molière lleva a su culmen la comedia.

En el ámbito religioso, se encumbra el monasterio de Port Royal, de filiación agustina, como reacción a la española Compañía de Jesús loyoliana. Port Royal fue la versión francesa de la Contrarreforma. El cristianismo portroyaliano se entendía a la luz de San Agustín. Cuando Pascal se convirtió al cristianismo lo hizo a través de San Agustín, eso explica la tremenda similitud entre las “Confesiones” agustinas y los “Pensée”, que como se sabe eran notas y apuntes preliminares para una apología del cristianismo que tenía planeado escribir, pero su muerte prematura le impidió consumar. Esta coincidencia no le resta nada de originalidad a Pascal, el matemático francés poseía una profunda capacidad de analizar cuanto tópico pasara por el tamiz de su reflexión, a través de su portentoso intelecto.

La belleza de su prosa es deslumbradora. Es conocida la elegancia y seducción de la lengua francesa. Me gusta la interpretación que sobre Pascal hizo Unamuno en su obra Del sentimiento trágico de la vida. Recuerdo que el primer juicio que leí sobre Pascal fue negativo, leía yo el “Humano, demasiado humano” de Nietzsche, en ese párrafo donde dice que el cristianismo corrompió la inteligencia de Pascal, fue una apreciación muy radical, que le ha ahuyentado lectores al genio galo, me refiero a lectores acríticos que aprueban ciegamente lo que el filósofo alemán escribió. Por el contrario, habiendo leído a Nietzsche y posteriormente a Pascal, caí en la cuenta que Nietzsche es un Pascal alemán, él mucho aprendió de la lectura de los “Pensamientos”. Hay en ambos pensadores un desgarramiento del ser, un abismo entre sus almas y el mundo, un anhelo por fusionarse con él mediante la razón pero también mediante el corazón. Unamuno hermana a Pascal con Kierkegaard, y tal vez no esté equivocado. Pascal fue el primer filósofo existencialista, siglos antes que Sartre. También encuentro un enorme parentesco entre Pascal y Spinoza, ambos pensadores partiendo del cartesianismo (el primero desde su crítica y negación, el segundo llevándolo a sus últimas consecuencias: el panteísmo) anhelaban el conocimiento de Dios, no reír ni llorar sino entender diría Spinoza. Sin pretender ser místicos, sino desde la luz de la razón (a pesar de ser apólogo del corazón Pascal lo hacía desde el racionalismo), ambos pretendieron la comprensión de la divinidad -Hegel hablaría del Absoluto, después de ellos y a partir de ellos-, fuera desde la geometría o desde la revelación.

Un siglo posterior a la muerte de Pascal, los filósofos ilustrados leyeron y discutieron al autor de “Las provinciales”, generalmente su postura fue crítica y de distanciamiento, me refiero a Voltaire y a Diderot. El primero le dedicó una de sus epístolas en su libro “Cartas filosóficas”, mientras el segundo hizo más que eso, escribió sus propios “Pensamientos filosóficos”, de inspiración claramente pascaliana, aunque marcando su distancia de él. Diderot era anticlerical y anticristiano -la época de las luces lo era-, pero era teísta, es decir, racionalista; mientras que Pascal fue un detractor de la razón y un defensor del sentimiento, du coeur, es decir: del irracionalismo; los ilustrados fueron enemigos declarados de esta corriente filosófica, precursora de Rousseau y del romanticismo en general. Pascal demostró con su vida y obra uno de sus célebres pensamientos: “La pensée est la grandeur del homme” (el pensamiento es la grandeza del hombre).

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