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El tiempo… no lo cura todo

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Sin duda, la salud es un tema serio, algo extremadamente delicado, desde la praxis, hasta la administración; sin embargo, por esta misma razón es usada como moneda de cambio en el discurso político, la promesa más básica del manual de politiquería. Una necesidad que padecemos todos los mexicanos y uno de los sistemas más olvidados y maltratados por el gobierno.

El sistema de salud pública mexicano tiene muchas fallas, desde la monstruosa burocracia, los desabastos, la corrupción, la ineficiencia en el servicio por lo inundadas que están las unidades, hasta los movimientos políticos que cada gobierno implementa buscando ‘solucionar y salvar’ a este monstruo medio muerto.

La odisea que resulta sacar una cita, consulta del día o peor, ir a Urgencias, resulta frustrante para el mexicano promedio, no solo por la ineficiencia en el servicio o por el maltrato que sufrimos muchos derechohabientes al buscar estos servicios. Uno de los fundamentales males que encontramos en la mayoría, si no es que en todas, las quejas es el tiempo que uno tiene que perder o ‘invertir’ en su salud o en la prevención.

Uno como trabajador no tiene mucho tiempo libre, y el poco que conseguimos terminamos gastándolo en las largas actividades que nos ofrece el sector salud; para que por papeleo, tecnicismos o mera burocracia no te puedan atender y tengas que dedicar más tiempo a tu cuidado.

En lo personal he tenido que padecer muchas veces de esto, siendo que estos errores se han dado porque, o no te dicen bien qué debes hacer, con quién ir o qué traer, o simplemente cometieron un error en el sistema y tú tienes que solucionarlo para que te sigan atendiendo. Sin embargo, esto no queda aquí, pues para colmo, como si uno quiera hacer perder su propio tiempo, te llaman la atención o directamente te echan la culpa como sí, el que ellos se equivoquen o te oculten información, fuera tu responsabilidad.

Y sé que alguno dirá que al no ser un caso de emergencia, se justifica, porque si lo fuera serían eficientes y atenderían las emergencias como se debe. Aparte de ser una defensa ridícula, pues resultaría utilitarista para un gobierno que se llama humanista, en la realidad resulta ser igual de ineficiente un caso de ‘emergencia’ que uno que no.

Hace unos ayeres, mi madre tuvo una complicación cardiaca saliendo de su trabajo; sin embargo, cuando llegó a Urgencias, el personal de Triaje ‘consideró’ que sus síntomas no eran de urgencia, incluso insinuaron que ella los estaba exagerando, haciéndola esperar casi una hora para poder ser atendida y revisada.

Cuando fue pasada y canalizada con suero, el médico de guardia pudo tomar sus vitales, siendo que se sorprendió al ver los signos elevados de mi madre, teniendo que verificar hasta dos veces estos, para declarar inmediatamente un código infarto y ser trasladada a cardiología.

Después de estabilizarla y hacerle unos chequeos, el cardiólogo, con unas palabras tan cortantes, le dijo a mi madre que ella ya debería estar muerta con el registro que le llegó; sin embargo, gracias a su cuidado y salud (y si quieren decirlo así, un milagro), su corazón logró seguir luchando.

Algo que no voy a olvidar es el rostro de aquel equipo médico al declararse el código infarto y saber los vitales de mi progenitora. Rostros llenos de angustia y desesperación, rostros que pudieron haber sido de mí y de mis familiares.

El recordar esto es solo para ejemplificar que mi madre fue un caso extraordinario, un ‘final feliz’. Sin embargo, estuvo a poco o nada de fallecer debido a la ineficiencia del personal de aquel entonces.

Casos trágicos por estos problemas, lamentablemente, imperan en nuestro país. Situaciones que pudieron ser prevenidas y evitadas.

Sin embargo, no siempre es culpa del personal, sino también de los políticos que administran los recursos para que estos trabajen. En los últimos años, el tema central ha sido el desabasto de medicamentos.

Desde antes de la pandemia se nos presumía que tendíamos un sistema como Dinamarca, que no se repartirían estos casos; la triste realidad es que los hospitales se están quedando sin medicamento, desde las grandes cantidades que tienen que pedir para abastecer para dar atención a tanta gente, hasta el hecho que se van acabando las reservas de medicamento.

Aun así nuestro régimen actual niega que exista un problema, al contrario, dicen que estamos mejor y que la gente les agradece.

Realmente ya hemos normalizado sus engaños, sus burlas y sus palabrerías; pues hay gente que vive, suda y lucha para repetir estas falacias a todo ‘opositor’ del imperio de la 4T. Tan comprometidos están que defenderían sus ideales hasta la muerte… y lo hicieron.

Hace casi una semana se dio a conocer la noticia del caso de uno de los propagandistas más recios de la 4T allá en Sinaloa; Martín Arellano Solorio, periodista, falleció tras esperar atención en una clínica del Seguro, fueron más de 12 horas de agonizase que quedaron registradas en sus redes sociales.

Durante ese periodo de tiempo estuvo registrando cómo era la atención que recibía, cómo no era atendido a pesar de ser declarado el código infarto; siendo su última publicación, cerca de las seis de la tarde, un video corto de dónde lo tenían junto con un mensaje sarcástico: “Desde mi pasillo. Con calidad de Urgente.”

Martín Arellano fue declaro muerto a cerca de las dos de la mañana, según la bitácora del personal médico.

Falleciendo gracias al sistema danés. Nadie lo pudo atender y ni el tiempo, ni la 4T, lo ayudó esta vez.

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