Ímpetu, determinación y sensibilidad son tres de las características que mejor lo definen, además de su vocación a la docencia y el teatro, donde es un referente local. Él es Jesús Manuel Martínez Valdés, mejor conocido como el maestro Tacho, un ejemplo de perseverancia y tenacidad.
Hidalgo del Parral, Chihuahua, lo vio nacer en 1959. La cercanía con la Sierra Tarahumara le dejó grandes experiencias y aprendizajes, al igual que una infancia llena de diversión y grandes amigos.
El maestro cuenta que desde pequeño comenzaron a visibilizarse dos de las virtudes que marcarían su destino: compartir y enseñar. Su abuelo, don Jesús, tenía un terreno al que llamaban ‘La huerta’, un espacio al que llegaban familias tarahumaras y, mientras los padres se iban a comercializar, los niños se quedaban ahí, lo que permitía el intercambio de experiencias.
Su primer acercamiento al teatro también fue en Parral, a través del teatro de carpa y con la puesta en escena Blanca Nieves. Aunque en ese momento solo era espectador, había algo que le hacía emocionarse.
“Los actores tenemos un punto fijo, de ubicación, cuando vi la obra pensé que ella (Blanca Nieves) estaba enamorada de mí porque todo el tiempo me volteó a ver (…) yo era su punto de ubicación. Cuando terminó fui a buscar a los actores y vi que eran totalmente diferentes, eso me ubicó en el tema de que no todo era realidad”.
A los 16 años emigró a León en compañía de la familia Martínez Valdés, donde los campos verdes no fueron lo único que lo maravilló. León, una ciudad con grandes edificios, largas vialidades y enormes canchas empastadas.
“Yo quería dedicarme al fútbol, mi idea era ser profesional; tenía toda la capacidad y había gente que quería que me enrolara. Pero en una ocasión, cuando me dirigía a jugar en las canchas del Seguro (Social), se me ocurrió meterme a ver una clase de teatro, fue entonces que descubrí la magia del teatro”.
A partir de esa experiencia, se integró al mundo de las artes escénicas, teniendo la suerte de ser formado por grandes maestros como Ramón Palomino, Angelina Monrreal y Gastón Melo, entre otros.
Su primera obra como estudiante le proporcionó una de las experiencias más significativas en su carrera, ya que durante sus primeras clases fue señalado por poseer una voz chillona, delgada y con un tono extraño. Desconcertado, pero con ganas de mejorar, se dio a la tarea de trabajar en su voz y dicción, pero pese a todo el esfuerzo, su primer papel fue de suplente y, como si se tratara de una broma, interpretando a una persona muda. Tacho era el nombre del personaje que representaría en una sola ocasión en la obra Los prodigiosos, pero que lo marcaría de por vida.
Diversos encuentros de teatro y hasta el segundo Festival Internacional Cervantino forman parte de su amplio currículum estudiantil. A los 19 años dirigió su primera puesta en escena: Las apariciones de la Virgen de Guadalupe, con un grupo de San Juan de Dios, y fue gracias al interés de los participantes que se formó la agrupación ‘Los de abajo’, con quienes continuó su formación como director.
Desde entonces, el fondo social envolvió su trabajo, fue la chispa que despertó su conciencia y que le dio más energía para continuar con el teatro. Aunado a la dirección, la enseñanza le permitió mantener esa llama viva, ser más sensible, pues es a través de ésta que mantiene una estrecha relación con la gente y con muchas de las problemáticas más arraigadas; sobre todo en zonas en desarrollo, como Las Joyas, colonia a la que su labor ha llegado como aire fresco propiciado por los Salones de Cultura a cargo del Instituto Cultural de León con apoyo del Fondo para el Desarrollo Popular (FIDEPO).
Además, el maestro da cátedra en espacios como la Casa de la Cultura Diego Rivera (con el grupo Infractor), la Universidad de Guanajuato campus San Carlos, centros gerontológicos y el CERESO, por mencionar algunos; sumando ya alrededor de 15 años dedicados a la enseñanza de las artes escénicas.
Más de 100 obras como actor y director forman parte de la trayectoria de este talentoso hombre considerado referente del teatro en León y quien, en 2018, fue reconocido como mejor actor de la temporada de Microteatro, después de 25 años de no haber puesto un pie en un escenario como actor.
