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El presidente y las conspiraciones

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El próximo miércoles 22 de noviembre de 2023, se cumplirán 60 años de uno de los crímenes mediáticos más estremecedores del siglo XX, aquel que cambió el curso de la historia, modificó la percepción del mundo y su contexto: el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos.

El impacto del caso llegó hasta León, que fue informado por El Heraldo, e incluso el entonces gobernador de Guanajuato Juan José Torres Landa dio su pésame. Lo que ocurrió aquel día ha quedado mezclado entre hechos y conspiraciones, y hasta el día de hoy se sigue hablando de posibles agentes infiltrados, teorías en el aire y anécdotas tanto factibles como absurdas.

Estos son los hechos: aquel 22 de noviembre, a las 12:30, Kennedy se encontraba en una gira en Dallas, Texas. Cuando viajaba por la Plaza Dealey acompañado de su esposa Jacqueline y el gobernador John Connolly, se escucharon unos disparos provenientes del sexto piso del Depósito de libros de texto. El resultado fue letal: mientras que el gobernador resultó herido, el presidente había muerto. El responsable fue un ex infante de marina de nombre Lee Harvey Oswald, quien después fue asesinado por el dueño de un bar, llamado Jack Ruby.

Hasta este punto, se trata de la trágica historia de un magnicidio, pero con el paso de los años han surgido infinidad de hipótesis al respecto. Estas son algunas de las más persistentes.

HECHOS Y COMPLOTS

Una de las muchas teorías (ninguna corroborada) es que fue la mafia quien mandó matar al presidente, pues cuando Kennedy llegó al poder, puso a su hermano como Fiscal General, y se enfocó en luchar contra el crimen organizado, procesando a gangsters de alto nivel como Tony Provenzano.

En los años sesenta la Guerra Fría estaba en todo su esplendor, por lo que la intervención de la Unión Soviética y sus países aliados así como la KGB ha sido otra de las teorías de la conspiración sobre el asesinato de Kennedy, quien mostró gran entereza durante la Crisis de los Misiles. No es secreto que Lee Harvey Oswald era un comunista orgulloso, y que no solo había vivido en Rusia, sino que además solicitó la ciudadanía y estaba casado con Marina, quien era de dicho país. Incluso, es un hecho corroborado que meses dos antes del asesinato de Kennedy, el 26 de septiembre de 1963, visitó en la Ciudad de México, las embajadas de Cuba y Rusia. Esta posibilidad también ha sido descartada en más de una ocasión.

La implicación del mismo gobierno ha sido otra de las posibilidades más barajadas por los teóricos de la conspiración, y esto se debe a motivos tan diversos como el que Allen Dulles, director de la CIA, fue despedido tras el fracaso en Bahía de Cochinos, y que J. Edgar Hoover, director del FBI, fue siempre una persona bastante oscura y de métodos cuestionables.

Por su parte, la Comisión Warren, creada expresamente para investigar el magnicidio, afirma que no hubo conspiración, y el perpetrador fue un asesino solitario. “Oswald actuó solo, sin apoyo alguno para asesinar al presidente y su única motivación se basa en sus propias situaciones personales”, apunta.

Lo cierto es que en 2008, un grupo de expertos criminalistas contratados por Discovery Channel realizaron una recreación de lo ocurrido con tecnología moderna. Tom Bevel, experto forense, y Steve Schliebe, especialista en salpicaduras de sangre y rastros de pruebas, llegaron a la conclusión en el documental ‘JFK: inside the target car’ que, analizando las manchas hemáticas y recreando los hechos, el disparo vino del edificio. Los criminalistas checaron el patrón del viento, la dispersión de los escombros, los ángulos y las distancias. En síntesis, no hubo otro francotirador.

“La ignorancia de un votante en una democracia perjudica la seguridad de todos”, dijo John Fitzgerald Kennedy una vez, y no le faltará razón.

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