Imagínate que un buen día, un inversionista te dice que, si le das 1000 pesos, él te devolverá 1,500. Confías en él, pues otros amigos y conocidos tuyos han recibido su asesoría y su dinero ha aumentado desde un 30% hasta un 50%. Días después, el experto en finanzas te entrega tu dinero con las ganancias. Al darte cuenta que ha funcionado, le entregas más. Otras personas hacen lo mismo.
Pero ocurre lo peor: de un día para otro, el hombre desaparece del municipio, con todo el dinero. Al pasar los días, te das cuenta que nunca invirtió, sino que simplemente ‘te pagó’ con el dinero de otros, y a otros, con tu dinero. No existe manera de rastrear los activos. Es demasiado tarde. Mientras las víctimas del ladrón están rumiando su miseria, él ya está tomándose una piña colada en alguna playa de Nayarit.
Lo anterior es lo que se conoce como ‘modelo Ponzi’, una de las formas de estafa más antiguas que existen, pero al mismo tiempo, más persistentes. Con el paso de los años se ha adaptado al mundo digital, y la gente sigue creyendo que el dinero fácil existe, pero solamente comprueban la máxima de otro famoso charlatán llamado P.T. Barnum: “cada minuto nace un nuevo ingenuo”.
Esta semana, hablaremos de la estafa Ponzi, el crimen financiero por excelencia, y cómo ha evolucionado a lo largo de los años.
Carlo Ponzi fue el criminal italiano cuya tristemente célebre estafa lleva su nombre. Durante los años veinte, tras la Primera Guerra Mundial, habían cupones de respuesta internacional, que se canjeaban por estampillas para responder gratis las cartas. Tras el conflicto, la economía estaba inestable, de modo que Ponzi los compraba con moneda devaluada de otros países y lo canjeaba en dólares. Esto era legal… pero posteriormente, enfocó su fraude en una supuesta especulación con cupones de respuesta internacional de correos, sin realizar inversiones reales.
Aunque Carlo Ponzi fue descubierto, arrestado y sentenciado a 5 años de prisión federal. Al salir, un grupo de estafados lo quería linchar afuera de la cárcel. Murió en Brasil, en 1949.
DE LA URSS A NUEVA YORK
El segundo caso ocurre en 1989, tras la caída de la Unión Soviética, cuando Sergei Mavrodi creó la empresa MMM para volver millonarios a sus camaradas rusos. Como todo estafador, se aprovechó de la situación: en aquel entonces el comunismo había caído, por lo que nadie en Rusia entendía de inversiones. Sergei le prometía a sus víctimas lo absurdo: intereses del 1000%. Muchas personas cayeron mientras que Mavrodi les pagaba con el dinero de otras, llegando a generar millones de dólares al día.
Mavrodi era muy astuto, y supo evadir a la justicia postulándose para diputado, aunque rara vez asistió a las sesiones de gobierno.
Solo fue arrestado el 31 de enero de 2003, y pasó 13 meses en prisión. En 2007, Mavrodi fue condenado a 4,5 años de prisión por fraude.
El caso más grande de la historia se destapó en 2008 en Wall Street, Nueva York, cuando Bernie Madoff, quien fingía ser un prestigioso asesor, estafó $65,000 millones de dólares en dinero de inversores. Bernie murió en 2021, pero sus víctimas jamás recuperaron su dinero y quedaron en la pobreza total.
Hoy en día, el grotesco legado de Carlo Ponzi no se ha ido, sino que ha mutado, se ha adaptado como muchos crímenes. Lo que durante la Primera Guerra Mundial fueron cupones, se vuelven criptomonedas, bitcoins o aplicaciones como Cutomex. Sin duda, con el devenir de los años, la economía cambiará, pero el modelo ilícito será el mismo. Pues víctimas hay en Nueva York, la URSS, San Francisco del Rincón o Italia.
Si se pudiera extraer una moraleja de estos casos, es que el dinero fácil no existe, y siempre es bueno desconfiar en temas de inversión. O como escribe William Shakespeare en Hamlet: “no prestes ni tomes a préstamo, pues quien lo hace, pierde al dinero y al amigo”.
