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El poeta detective

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El 2024 está a 2 días de llegar a su fin, y como es habitual en esta columna que está por cumplir su media década de existencia, gracias todos los lectores, recuperamos una historia que trate sobre policías y criminales, pero que también resulte esperanzadora.

Todos los mexicanos conocemos el poema de ‘Paquito’, que trata sobre un niño llorando ante la tumba de su madre, a la que le promete que ya no hará travesuras mientras que “[…] un cielo impasible despliega su curva”. Lo que pocos saben es que su autor, el gran escritor Salvador Díaz Mirón, además de haber sido uno de los poetas y políticos más brillantes de su tiempo, fue el único civil que se atrevió a perseguir, cual vigilante de nuestros tiempos, a uno de los delincuentes más temidos de la sociedad de Porfirio Díaz.

Aquella fue una disputa de ladrones, bandoleros, cazadores y poetas, que por desgracia no es muy conocida en nuestro país porque ocurrió en 1910, a unos meses del estallido de la revolución.

Nacido en San Juan Evangelista, Veracruz, Santana Rodríguez Palafox creció en plena época del gobierno de Porfirio Díaz, convirtiéndose uno de los bandoleros más temidos. Recorría las haciendas de Veracruz, robando y destrozando a toda la clase acomodada. Al igual que Chucho el roto y Pancho Villa, era admirado por las clases menos favorecidas, quienes lo veían como un justiciero.

Un día, asesinó a un alemán radicado en México llamado Roberto Voigt, no sin antes torturarlo provocándole cortadas pequeñas con un cuchillo. Todo ocurrió en los límites de Veracruz con Oaxaca, en la Hacienda Bellavista, donde también mató a su esposa. La situación dejaba muy mal parado a Porfirio Díaz con la prensa internacional, y la situación se complicaba mucho más, pues el presidente quería festejar a lo grande los cien años de la independencia.

LA CACERÍA

Debido a que medía 1.96, la gente apodaba al bandolero ‘Santanón’. Parecía que nadie se atrevería a meterse con él, pero fue entonces cuando el poeta Salvador Díaz Mirón le propuso al presidente y la Cámara de Diputados darle caza por todo Veracruz, solo necesitaba un grupo de guardias rurales, policía montada encargada del campo en aquel entonces.

Pocos tomaron a broma la petición del poeta y diputado. Después de todo, era famoso por su carácter explosivo. Le encantaban los pleitos. En una ocasión retó a duelo A Luis Mier y Terán, ex gobernador de Veracruz. Lo cierto era que el creador de ‘Paquito’ no lo hacía por un afán de justicia o sentirse héroe, sino para aspirar a la candidatura a gobernador de Veracruz.

El periódico ‘El Imparcial’ siguió de cerca los hechos, pues era una historia magnífica, el enfrentamiento entre dos polos opuestos: el enemigo del régimen, y aquel que le era cercano al gobierno.

Apoyado por los rurales, Díaz Mirón empezó a recorrer los más recónditos lugares de Veracruz. Así lo haría durante 45 días, pero el delincuente conocía muy bien su área de operaciones, y estaba acostumbrado al calor y los terrenos adversos, cosa que el poeta, de clase acomodada, no.

Las fuentes históricas varían: se cree que Santanón y Díaz Mirón se encontraron, otras que no. Lo que es un hecho es que, poco después de regresar a México, el temible bandolero fue asesinado por las fuerzas de rurales de Francisco Cárdenas, que irónicamente, tres años después su nombre se imprimiría en los libros de historia por ser el asesino de Francisco I. Madero. Díaz Mirón murió el 12 de junio de 1928 y está enterrado en la Rotonda de las Personas ilustres.

El mejor libro para conocer a detalle la confrontación entre estos dos personajes históricos es ‘El bardo y el bandolero’, del prestigioso historiador Jacinto Barrera Basols, disponible en la editorial del Fondo de Cultura Económica y de forma gratuita en la Brigada para leer en libertad.
De momento: ¡Feliz año nuevo!

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