“Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera”.
Jean Paul Sartre
Los diferentes tiroteos sucedidos recientemente en Estados Unidos de América han desatado una andanada de críticas contra la persona del presidente Donald Trump, por considerarlo responsable en parte de los asesinatos ocurridos. Sus acusadores consideran que el discurso de odio que maneja induce a la violencia sobre cierto sector de la población.
Es cierto, Trump se ha manifestado constantemente contra los migrantes, especialmente los mexicanos, en un tono por demás agresivo. El autor de la masacre de El Paso, Texas, afirmó después de consumar su crimen que su intención era “matar a tantos mexicanos como fuera posible”. Fallecieron 20 personas, además de la gran cantidad de heridos. ¿Cuántas tragedias más tendrán que acontecer para que los discursos de odio acaben?
Al igual que muchos estadounidenses, Donald Trump considera a los mexicanos que cruzan hacia su nación en busca de empleo como invasores, exige su expulsión y ha proclamado todo el tiempo la construcción de un muro que detenga el flujo de migrantes. Gran parte de su éxito en la campaña que lo llevó a la oficina oval radicó en los ataques que lanzaba a la comunidad mexicana. Cuando apenas buscaba la candidatura del Partido Republicano junto con otros aspirantes lanzó la frase que lo catapultó y le ganó millones de simpatías, pues representó lo que muchos de sus compatriotas pensaban, pero no decían: “Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores…”
Por sus diferentes señalamientos hacia los mexicanos, Trump ha recibido incontables críticas, así como gran cantidad de adeptos. Después del tiroteo en el supermercado de El Paso, se le atribuyó al atacante, Patrick Crusius, una declaración que circula en Internet contra lo que se nombra la “invasión hispana” y que por supuesto agrede a los migrantes latinoamericanos.
Debía recordar Donald Trump y sus seguidores que gran parte del territorio de los Estados Unidos de América le fue arrebatado a México por medio de una guerra provocada por ellos para tal fin. Previo a ese conflicto armado el Gobierno de la recién emancipada nación mexicana permitió establecerse a familias estadounidenses en Texas y cuando ya eran demasiadas se les prohibió seguir ingresando, lo que fue ignorado por los colonos estadounidenses que siguieron entrando de “ilegales” a las tierras mexicanas. Los que ingresaron de manera legal tampoco observaron los requisitos que se les habían marcado, no eran católicos como se les pedía, traían esclavos, entre otras cosas. Finalmente, cuando ya eran muchos más extranjeros que mexicanos en Texas, aquellos inventaron que se “independizaban”, siendo su objetivo real anexar ese extenso terruño al país de las barras y las estrellas, el que siempre había querido quitarnos Texas, lográndolo de esa forma. Y ahora cínicamente, o por verdadera ignorancia, utilizan el argumento de que se “invade” su nación para cometer crímenes atroces contra migrantes latinoamericanos. La doble moral de siempre.
Son incontables los casos en que ciudadanos estadounidenses ofenden, discriminan, golpean, etc., a migrantes hispanoamericanos. Y no sólo son anglosajones los que han hecho esto, hemos visto a afroamericanos y hasta hijos de mexicanos nacidos en la unión americana agredir u ofender a quienes identifican como migrantes del sur de su frontera. Cuando Trump estaba en su campaña presidencial una joven dijo vehementemente que lo apoyaba porque lo que el empresario de la construcción quería era “defender a mi país”, oponiéndose a la migración desde México, la señorita en cuestión era hija de migrantes mexicanos indocumentados que ya habían regularizado su situación con nuestro vecino del norte.
Cuando el mismo presidente de una nación promueve el odio y la división entre su población no es de extrañarse que sus seguidores más recalcitrantes sigan su ejemplo y ataquen virulentamente de diferentes formas al blanco que su líder ha elegido y etiquetado. El caso de Trump y sus partidarios contra los mexicanos es notorio, pero no es el único.
Los discursos de odio crean división, arrancar ese sentimiento de la gente posteriormente es algo tremendamente difícil, en eso deben pensar los dirigentes antes enfocar sus baterías en un determinado grupo, en quienes no piensan como ellos, etc., de otra manera los enfrentamientos, tragedias y más continuarán presentándose.
