Una de las principales promesas de campaña de Donald Trump fue la construcción de un muro para separar al país vecino del norte con el nuestro. El tema de la “seguridad” en la frontera es un tema recurrente entre los políticos de Estados Unidos de América, todo el tiempo están pensando en aumentarle kilómetros a los tramos de barda que nos separan, aplicar nueva tecnología o hacer crecer la cantidad de agentes migratorios, manifestando que eso detendrá la entrada de manera ilegal de mucha gente. Los estadounidenses siempre han tenido un doble discurso, obviamente guiados por sus múltiples intereses.
El 12 de junio de 1987, dentro del marco de la Guerra Fría, el presidente de la unión americana, Ronald Reagan, decía ante el Muro de Berlín, justo en el sitio donde se ubica la famosa Puerta de Brandeburgo: “Secretario General Gorbachov, si busca paz, si usted busca la prosperidad de la Unión Soviética y Europa oriental, si busca la liberalización, venga aquí a esta puerta. Sr. Gorbachov, abra esta puerta. Sr. Gorbachov, derribe este muro”.
Reagan se dirigía de esta manera al líder soviético Mijaíl Gorbachov, pidiéndole que quitara el muro que tantas muertes había ocasionado cuando los habitantes de Berlín oriental intentaban cruzarlo con la esperanza de llegar al lado occidental y con ello lograr liberarse de la opresión del régimen socialista.
Hace algunos años, en 2013, antes de que Trump iniciara su ataque sobre México con miras a convertirse en el residente de la Casa Blanca, John McCain, senador republicano, ex-candidato a la presidencia de los Estados Unidos, mencionaba respecto a las medidas tomadas por su nación en los límites con México lo siguiente: “Quiero decir que esto no sólo es suficiente, es bastante más que suficiente… Seremos la frontera más militarizada desde la caída del Muro de Berlín”. Claro que las circunstancias son diferentes, pero ¿qué no se oponían a los muros porque van en contra de la libertad, en contra de la paz?
Este no es el trato que se le da a un socio comercial, como lo es México, ya no digamos a un país “amigo”, como ellos le han llamado en varias ocasiones en sus disertaciones, bueno, eso era antes, porque con el magnate de la construcción ocupando la oficina oval ya ni eso. Lo que sucede es que eso de “amigo” lo dicen “de dientes para afuera”, bien sabemos desde siempre que Estados Unidos “no tiene amigos, tiene intereses”.
Hay que recordar que en la primera mitad del siglo XIX gran cantidad de estadounidenses entraron al territorio nacional de manera ilegal apropiándose de grandes extensiones de tierra, que poblaron Texas incumpliendo flagrantemente las condiciones que los gobiernos mexicanos de aquel entonces les ponían para que vivieran allí. Todos sabemos que finalmente perdimos Texas gracias a las amañadas y descaradas maniobras de los gobernantes de Estados Unidos y los “colonos” que se metieron a México. Después de Texas también perdimos otros territorios a causa de una guerra injusta provocada por ellos. Ahora se rasgan las vestiduras por los mexicanos que van en busca de trabajo.
Desde luego que las personas no tendrían que arriesgar la vida cruzando ilegalmente “al otro lado” si aquí se tuvieran los empleos suficientes y la calidad de vida necesaria. Desafortunadamente no se tienen, las vacantes que surgen generalmente ofrecen sueldos que no permiten sostener decorosamente a un individuo, menos a una familia, eso sí, a cambio de unos cuantos pesos el trabajador pasa a ser un objeto de explotación. Mucha gente prefiere pasar el río, el desierto, etc., para conseguir un trabajo antes que continuar en las condiciones difíciles en las que se encuentra en su propia tierra.
Donald Trump podrá levantar nuevos muros en los territorios secuestrados a nuestro país, pero de ahí a que México pague por su construcción hay una enorme distancia. Lo que seguiremos viendo, sin duda alguna, es la doble moral de los gobiernos estadounidenses, a ver con qué más nos salen.
