Siempre que pierde un partido político las elecciones, se llama a la necesidad de refundar el partido. Sobre todo, cuando la derrota es estrepitosa, la dirigencia del instituto político, sobre todo, el que ostenta la presidencia hace un ‘enérgico’ llamado a la autocrítica, para analizar que sucedió, que hicieron mal en el partido y la estrategia, que los llevó a la derrota.
En ese momento, inicia un sin número de voces que repiten y repiten la ‘famosa’ palabra de la refundación, al momento que un amplio abanico de miembros del partido se postulan, para dirigir el instituto al que pertenecen. Con el único propósito de gestionar su egoísta interés de llegar a la dirigencia nacional, estatal o municipal.
Arranca la pasarela de mujeres y hombres, que se creen merecedores de llegar a dirigir el partido, con el simplón discurso de dar a conocer sus propuestas, aderezado con un menú de críticas de todos conocidos y es todo. Para ellos, eso significa refundar el instituto político, nombrando a las mismas personas de siempre, colocando a sus incondicionales en la diversa nomenclatura del partido.
Y todo sigue igual. Más de lo mismo, sin reparo alguno de lo verdaderamente significativo, que representa una legítima y auténtica refundación. “La posibilidad de modificar y adecuar la adaptación a los nuevos momentos y actualidad de la sociedad, buscando un objetivo diferente al original”. Se trata, por lo tanto, de fundar nuevamente algo. No una simulación.
Hay que tener presente, que fundar es construir, constituir, establecer o instituir algo. La refundación es modificar la esencia o los cimientos de aquello que ha sido fundado. Generalmente, de lo que la gente está harta es de los mismos de siempre, las mismas caras, los mismos nombres, las mismas autoridades que saltan del partido al gobierno, del gobierno al partido y que se sirven del poder sin recato alguno.
La necesidad de darle un nuevo rumbo al partido, para hacer frente los retos presentes y futuros, constituyen la verdadera refundación. Es completamente grotesco, que mientras los partidos exigen y piden al gobierno en turno buenas prácticas y democracia para el país, hacia dentro de sus institutos, las malas prácticas, la opacidad y la falta de democracia interna, es el común denominador.
Más parece una ‘refundición’ del partido político, que significa a volver a fundir o liquidar lo que existe, esto es, quitar la solidez y transformar en algo peor, de lo que hay y dio pie, a lo que la gente del partido y la ciudadanía no quiere, pero las mafias se aferran a no abrirse a la verdadera refundación. Parecería que se han puesto de acuerdo los liderazgos de los partidos de oposición en México, para sepultar lo que queda de militancia y no abrirse de verdad a la ciudadanía.
Los resultados del 2 de junio llaman, pero, sobre todo, reclaman una nueva clase política. No sólo a nivel nacional de las dirigencias de los partidos políticos, sino, en lo local. Ahí está claramente lo que está pasando en los estados, pero más que nunca, en los municipios. Nuevas caras de mujeres y hombres, que representen un recambio.
¿No cree usted?
