El dinero ha vuelto al hombre contra sí mismo, al ocupar el lugar de valores que le habrían de ubicar en un punto delante de la evolución lograda. No fueron suficientes los sufrimientos padecidos durante la Segunda Guerra Mundial, ni las atrocidades cometidas por los reyes de los derechos humanos en Vietnam, para persuadirnos de que la ambición estimulante de la soberbia, nos hace mucho daño como especie.
La enajenación, que produce el manejo de los medios de producción mediante el fomento de la desigualdad como estímulo para el progreso material, ha generado un fenómeno espectacular. Los avances logrados con el desarrollo científico y la aplicación de las ciencias para la transformación de las materias primas, ha colocado al sector privilegiado de la humanidad, ante bienes que jamás se imaginaron en la primera mitad del siglo veinte.
Si consideramos que la educación tiene tres campos fundamentales de acción: el cognoscitivo, el afectivo volitivo y el psicomotriz, nos percataremos fácilmente, que el área del desarrollo esencial del ser humano ha sido el campo cognoscitiva, privilegiado, porque ha traído consigo el confort, que finalmente, nos aleja de aspectos sustantivos para el desarrollo humano como la libertad, la igualdad y la fraternidad, que ha tiempo figuraron como banderas de un movimiento espectacular como respuesta a la desigualdad.
Aún presionado por el apartamiento de su propia esencia, el ser humano busca intuitivamente la dignidad, como un bien que generalmente no define, pero que extraña como ausencia de una parte fundamental de su existencia.
Es ahí, es donde la educación debe poner énfasis. La ciencia no debe ser considerada como un fin en sí misma, sino como un medio para estimular a la naturaleza humana hacia su evolución, que alcanzará en la medida que dé a los valores fundamentales del ser humano, el sitio de privilegio en su desarrollo.
Los valores, son metas que se han de alcanzar para acceder finalmente a una vida plena en el ejercicio de la libertad y la igualdad, entendida como el acceso a los bienes suficientes para realizar a la persona humana en su aspecto esencial. No accederemos con intensidad suficiente a la igualdad, si no está de por medio la equidad como afortunada rectificación de la justicia.
Con frecuencia mencionaos el concepto de valor, pero raramente comprendemos su significado intrínseco, porque la filosofía, ha de ser patrimonio de quienes conducen grupos y gobiernan países. La educación ha de poner énfasis en la formación filosófica de sus gobernantes y por ende, de sus maestros.
