Hoy el ambiente se encuentra sobre cargado.
Las energías generadas por el estado mental y las actitudes de las personas en este planeta se han cargado de energía
Si pudiéramos medirla con un voltímetro, la aguja o el marcador mostraría la diferencia de potencial eléctrico entre nosotros y esa nube a la que se ha llamada conciencia colectiva. Es decir, mide la carga eléctrica positiva a medida que entra en un punto del circuito eléctrico y luego mide la entrada negativa a medida que pasa a través de otro punto.
Definitivamente, lo negativo supera por mucho la carga que se encuentra en ese espacio, que, como la información de la tecnología computacional, se almacena en una nube a través de un lenguaje preformado, en nuestra psique, la cual se trasmite a ese campo a través del intercambio de información, en imágenes, entre miles de neuronas (energía) ubicadas en el neo córtex del cerebro humano, creando, como consecuencia, ese sistema llamada conciencia colectiva. Esas imágenes conforman, lo que conocemos como arquetipos. Estos a su vez tienen forma de ideas, símbolos, objetos.
Muchos de estas estructuras mencionadas anteriormente son interpretados por nuestro cerebro (psique) y sus manifestaciones a través de nuestra conducta y nuestra conciencia. Por otro lado, está lo que muchos psicoanalistas, llaman el inconsciente. No me refiero al sujeto que ha perdido el estado de alerta y la capacidad para percibir y darse cuenta de lo que le rodea como en un estado de coma.
Más bien hago referencia, a la disposición mental que desarrollan las personas en forma inadvertida y que por lo general no depende de su voluntad en realizarlo. Es el término utilizado ya desde 1751 y popularizado en Alemania como “umbewusst” y a lo largo del siglo XIX adoptado por diferentes filósofos como von Shelling (1775-1854), Nietzsche (1844-1900) o, Schopenhauer (1788-1860), lo que demuestra que Sigmund Freud no fue el primero en utilizar el término. Con la conceptualización de la teoría del inconsciente, y por otras razones teórico prácticas, se presenta la ruptura entre Freud y otro psicoanalista, Carl Gustav Jung, quien replantea y amplía el carácter personal del inconsciente freudiano, expandiéndolo hacia un inconsciente colectivo (término acuñado por Jung que hace referencia a las estructuras de la mente inconsciente compartidas entre los miembros de la misma especie) cuyo contenido primordial serán los arquetipos.
Los arquetipos (imágenes, arte, mitos religiones, sueños, ideas) forman una plataforma dinámica a toda la humanidad, sobre cuya base cada individuo construye su propia existencia de vida, dándoles color con su cultura, personalidad y eventos propios únicos. Así se describen eventos arquetípicos como el nacimiento, la muerte o las figuras arquetípicas de la madre, el padre, el anciano, el héroe, el niño, el diablo, dios, el anciano sabio, el trickster o loco, etc.
Con esta idea en mente, la sociedad actual se encuentra sintonizada en forma colectiva con la evolución de la pandemia y hoy mas que nunca, prácticamente todos o casi todos los seres humanos hemos generado un pensamiento particular, que, como toda energía, no se destruye solo se trasforma en una especia de nube cargada de pensamientos de miedo, dudas e imágenes. Como dice, Fernando Silva, amigo filosofo, estudiante de Jung y de los arquetipos, “hoy debemos cargar con un voltímetro y un medidor de vibraciones para determinar la energía y tipo de vibración que tenemos. Con ello evitamos las vibraciones bajas que nos hacen susceptibles al Covid-19 y la carga negativa de nuestros pensamientos”.
Así, los seres humanos hemos creado gran información que se encuentra en esa nube conocida como inconsciente colectivo. Para acceder a ella debemos utilizar ciertos métodos que presenten las imágenes que se encuentran en ese nicho para poder interpretar lo que sucede con la humanidad y el planeta que vivimos.
Hoy vemos que la perturbación se disipa, poco a poco. Hemos tenido tiempo para reflexionar en cuanto a nuestra actitud y hecho cambios, que han generado incomodidad y grandes pérdidas. Sin embargo, las enseñanzas que ha traído este evento pandémico permitieron abrir puertas que podrán generar oportunidades y beneficios. Es obvio que, muchos se quedarán en el antaño y costumbres de tiempo pasado. Habrá un crecimiento, no sin obstáculos y dualidad, pero poco a poco las los sucesos inexplicables serán revelados y juzgados por sus intenciones. Nuestro nivel de conciencia habrá cambiado permitiendo crear caminos, e ideas que mejoren nuestro nivel de conciencia para convivir poco, a poco, en armonía que reparen el planeta.
Nada es para siempre.
Por ello, necesitamos cambiar esa energía negativa y calidad de vibración para regenerar la calidad del inconsciente colectivo, que, aunque muchos no crean, puede modificar nuestra vida diaria.
¡Hasta la próxima!
