No hemos aprendido.

 Estamos totalmente enajenados con las noticias y con lo mal que vamos que nuestros pensamientos nos traicionan.

Lo negativo, predomina sobre lo positivo.

Así somos y seguiremos siendo. Nuestra esencia como seres humanos ha sido trasmitida por el conjunto de bases químicas llamado ADN (Ácido Desoxirribonucleico) que heredamos de nuestros ancestros a través de la evolución. De donde haya venido. (Teoría de los anunnaki que, por ingeniería genética, aceleraron la evolución del Neanderthal a Homo Sapiens aportando su propia genética).

Especulamos, de una manera poco crítica.  Suponemos que nuestros pensamientos se quedan encerrados dentro de la cavidad craneana, en el encéfalo, o cerebro.

Nadie, según nuestros conocimientos, puede o tiene la habilidad para captar y traducir esos pensamientos.

Debemos tomar en cuenta, sin embargo, que los pensamientos son energía.

Como la luz, esta energía es trasmitida en forma  radiante y se propaga como consecuencia de una vibración de partículas, a una velocidad de aproximadamente de 300 mil kilómetros por segundo en el vacío.

Ahora bien, nuestros pensamientos son energía que, aunque no vemos, no por ello dejan de existir. Esa energía viaja a la velocidad de la energía eléctrica. Nuestro sistema nervioso funciona con ella y puede transportarse a diferentes velocidades dentro de los axones, dendritas y cuerpos neuronales a una velocidad que es proporcional al diámetro del axón y varía de uno a cien metros por segundo (en forma vibratoria), y se dispersa de manera ondulatoria -como cuando arrojamos una piedra en un estanque- a todo lo que lo rodea, ya sea nuestro cuerpo o el espacio que ocupamos. Como una onda expansiva viaja a diferentes velocidades. Dependiendo de su  naturaleza esta energía se traslada y busca emisiones semejantes. Así si nuestros pensamientos, clasificados en una forma muy simplista, positivos o negativos, atraerán las mismas vibraciones fortaleciendo y creando nuestro mundo peculiar y personal.

Dependiendo de esa vibración las moléculas pueden transformarse. Un ejemplo claro de lo anterior lo demostró  Masaru Emoto, conocido como  el profeta del agua.

Este japonés, septuagenario, tenía una misión: convencer al mundo de que el agua es “el alma del universo”, de que es conciencia líquida, de que la estructura molecular del agua registra las vibraciones de sonidos, de colores, de formas, de palabras, de emociones y de pensamientos. Según Emoto, el agua graba las intenciones de cada uno. Y se las devuelve. (La Vanguardia, 2013).

Para los científicos esto no es posible, sin embargo, sus trabajos demostraron que los cristales del agua sí se modifican con las vibraciones que son emitidas por los instrumentos  en la música.

Por lo tanto, “Como es arriba, es abajo. Como es abajo, es arriba”. “Como es adentro, es afueraque pertenece a una de las 7 leyes del Kybalión, llamada correspondencia, que involucra  los tres planos: Físico, mental y espiritual, se relacionan con lo dicho por Emoto.

La frase, a la que hice referencia en líenas previas, fue descrita ya hace mucho tiempo y resume las enseñanzas del hermetismo que se atribuyen a un alquimista místico y deidad de algunas logias llamado Hermes Trismegisto, cuya existencia se estima en Egipto antes de la época de los faraones (Wikipedia).

Por lo pronto, lo crea o no mi estimado lector, toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley.

Ante esto, los invito que a partir de hoy tengamos mucho más cuidado con lo que pensamos, pues como vimos prácticamente hemos creado nuestra vida acorde con lo que cavilamos, y por lo tanto, se trasmite vibrando.

Estamos en un momento en el que hemos recibido lo que nuestros pensamientos han creado afuera. Hoy, la manifestación de lo ya evidente esta aquí y ahora. Todos podemos transformar nuestro presente y futuro.

Unamos nuestras mentes y particiapcion en algo creativo de bienestar y confianza, para no quejarnos más adelante, porque el hubiera es ahora.

¡Hasta la próxima!

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