Hoy es 28 de diciembre y se celebra el Día de los Inocentes, fecha en que las bromas y prestar dinero para no devolverlo es una acción habitual. Por eso, conviene recordar la historia de un hombre que logró lo que pocos: engañar a Hitler y al partido nazi. Su nombre era Franz Tausend y su vida siempre estuvo alumbrada por la suerte.
“GOLDMACHER”
Tausend nació en 1884 en Krumbach, Alemania, siendo hijo de un humilde plomero. Desde pequeño buscó la manera de ganar dinero, y mientras lo lograba participó como suboficial en la Primera Guerra Mundial. Al terminar el conflicto mandó hacer unas tarjetas con su nombre, que lo acreditaban como ingeniero químico, pero en realidad no tenía estudios. Poco a poco, fue escalando socialmente hasta darse a conocer entre los alemanes de clase alta. El periodista Egon Larson lo definía como “esbelto, de rostro alargado, de voz halagadora y agradable”.
Tausend comenzó a afirmar que era alquimista, y podía extraer oro de metales comunes, mientras Hitler comenzaba a adquirir poder. La situación de Alemania, marcada por la inflación y todas las deudas acumuladas a raíz del Tratado de Versalles, hicieron que los nazis lo mandaran llamar, pues en los círculos germanos Tausend era conocido como “der goldmacher” (“el fabricante de oro”).
Fascinado, Hitler financió millones de marcos para un instituto de investigación, un laboratorio y por supuesto, la paga exorbitante de Franz.
Lo cierto era que el proceso de conversión a oro era carísimo y nada viable. Mientras esto se descubría, Tausend ya había sacado millones de billetes a costa de los estafados, mudándose a Italia, donde compró un hermoso castillo en Appiano.
Decidió darse una vida de lujos y excesos, y un día, mientras conducía borracho rumbo a su casa comprada con estafas, choca. Lo que ocurrió hizo que se muriera de miedo, pues al ser investigado por las autoridades italianas, deciden extraditarlo de vuelta a Alemania.
Una vez en su país natal fue descubierto y llevado a juicio en un evento que, para ese entonces, era extremadamente mediático. Una vez más, Tausend supo engañar a la gente, diciendo que efectivamente podía fabricar oro… que el proceso no fuera viable económicamente, era otra cosa, no en vano sus biógrafos afirman que sabía mezclar muy bien charlatanería y ciencia.
Sin embargo, Franz no pudo escapar siempre y fue condenado a prisión… pero siempre tuvo a la suerte de su parte, pues en primer lugar, era considerado ario puro, aunado a que muchos de los que estafó no querían declarar por vergüenza a quedar como idiotas delante de Hitler, de modo que en vez de ser ejecutado simplemente fue llevado a la prisión de Schwabish Hall.
Franz murió en junio de 1942, cuando se llevaba a cabo la Batalla de Vorónezh y Hitler tenía otras cosas en qué pensar. Sobre su vida, está el libro “Die goldenen Jahre des Franz Tausend”, y un gracioso cómic de Gahan Wilson.
Hasta el día de hoy, muchos de los que han estudiado el caso de Franz Tausend no les queda claro si realmente era un charlatán muy astuto, o él creía con firmeza que se podía hacer alquimia en pleno siglo XX. Sea como fuere su vida no deja de ser fascinante y veraz, aunque la recordemos el día de los inocentes.
