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EL HACHA DE LIZZIE BORDEN

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El caso de Lizzie Borden fue uno de los más sonados del siglo XIX, pues nunca se resolvió del todo y estuvo envuelto en una bruma de sospechas, prejuicios e imprecisiones. Hoy en día, con el estreno de la cuarta temporada de la serie ‘Monster’ (que ya ha abordado otros casos famosos, como Jeffrey Dahmer, los Hermanos Menéndez y Ed Gein) creada por Ryan Murphy, el misterio de esta mujer vuelve a estar en el ojo mediático.
Lizzie nació en Fall River, Massachusetts, un 19 de julio de 1860, siendo la segunda hija de Sarah y Andrew Jackson Borden. Eran una familia muy importante, pero el señor tenía una fama de avaro, por lo que vivían con mucha modestia. Tras la muerte de su señora, Andrew se casa con Abby Durfee Gray… y es aquí cuando empieza la tensión.
Ni Lizzie ni su hermana, Emma Leonora, aceptaron a su madrastra, pues la consideraban una arribista y una convenenciera. Aunque Abby quería caerles bien, ellas jamás la aceptaron. Un día, Andrew compra un terreno que pone a nombre de su segunda esposa, y es aquí cuando el dique de emociones negativas se desborda. De todo lo que ocurría era testigo la sirvienta, Bridget Sullivan quien se presume tenía una relación lésbica con Lizzie, pero esto ha sido tema de ficción: jamás se ha confirmado nada histórica y criminológicamente hablando.

EL ASESINATO
El 4 de agosto de 1892, Andrew, de 70 años, quien era un respetado empresario, sale al trabajo, pero vuelve por un dolor de estómago.
Horas después, Lizzie, de 32 años en ese entonces, gritó a Bridget que alguien había matado a su padre.
La policía encontró un escenario espantoso: Andrew tenía la cabeza destrozada y el cráneo descubierto (estaba en el sofá de la familia, que se convertiría en un símbolo del crimen) mientras que el cadáver de la madrastra estaba repleto de sangre y con cortes por doquier. Dedujeron que el arma asesina había sido un objeto punzo contundente.
Después, las investigaciones sacarían a relucir que en el sótano de la casa había dos hachas, que fueron limpiadas a conciencia. Por si eso fuera poco, la vecina declaró que Lizzie quemó un vestido.
El juicio se convirtió en uno de los primeros casos mediáticos de Estados Unidos, y posiblemente del mundo. Tenía todos los ingredientes de un cuento de Edgar Allan Poe: un asesinato sin confirmar, viejos rencores, una antigua casona. Muchos periodistas y ciudadanos sabían que Lizzie era culpable, pero pese a todo, fue declarada inocente. Se argumentó que el responsable fue un ladrón… que nunca robó nada. Y respecto al móvil del vestido, la presunta culpable argumentó que estaba manchado de pintura, y por tanto tuvo que deshacerse de él.
El juez dictaminó que era imposible que fuera una asesina. Después de todo, era cristiana, devota, de buena familia y mujer. ¿Lizzie supo usar los estereotipos sociales a su favor? Nadie lo sabe con certeza.
Finalmente, las dos hermanas se mudaron a otra casa, pero una pelea las separaría. Lizzie Murió el 1 de junio de 1927, y la otra hija Borden, nueve días después.
En su momento, incluso se cantó una rima alusiva muy original, aunque poco tiene que ver con la mecánica de hechos: “Lizzie Borden took an axe, and gave her mother forty whacks; When she saw what she had done, she gave her father forty-one” o bien: “Lizzie Borden hacha en mano, a su madrastra mató temprano. Viéndose libre de culpa y reproche, mató a su padre esa misma noche”.
El de Lizzie Borden siempre será un caso abierto y ha sido abordado por todos los medios de comunicación que existen. La primera investigación formal fue la del periodista de nota roja Edwin H. Porter, cuyo libro ‘The Fall River tragedy: a history of the Borden Murders’, disponible para su consulta en la página de Proyecto Gutemberg.
Primero en periódicos y libros decimonónicos, luego en radio, cine y televisión, y ahora en streaming. El hacha, sin duda, seguirá teniendo un dudoso dueño.

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