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JUSTICIA A LA MEXICANA

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​Mañana será 15 de septiembre, la emblemática noche del Grito de Independencia. En todo el país, se celebra con pozole, pambazos, tacos y mucho orgullo mexicano. Por ese motivo, en esta columna enfocada en los crímenes mediáticos y la importancia de contar historias reales sobre el combate a la delincuencia, hablaremos sobre mexicanos que han hecho justicia y han combatido el lado más ruin del ser humano.
​A veces, como investigadores. Otras, como académicos. En ocasiones como víctimas sobrevivientes. Algunas, injustamente olvidadas.
​Por desgracia, miles de jóvenes conocen nombres como el Mencho o el Chapo, pero pocos el de Valente Quintana, considerado como el Sherlock Holmes mexicano, solo que a diferencia del famoso detective londinense, él sí existió en realidad. Nacido en Tamaulipas en 1889, y completamente autodidacta, Quintana no estudió más allá de la primaria, pero tenía una brillante mente analítica. Cuando niño cruzó la frontera y un estadounidense lo acusó de robo, pero él probó su inocencia descubriendo al verdadero culpable. Posteriormente, se enlistó en la policía y obtuvo trabajo de vigilante de un crucero. Atrapó criminales de toda índole, como violadores, expertos en fraude y lo que viene a colación en Guanajuato: el robo a la casa de los descendientes de Jaral de Berrio. Era un experto en la deducción y el disfraz. Años después fundó su propio despacho de investigaciones, hasta su muerte en 1969. Sin duda, hoy en día merece una serie de Netflix, Prime o HBO Max.
​Todos los mexicanos conocen al aterrador Goyo Cárdenas, uno de los primeros asesinos en serie mexicanos, apodado como ‘El estrangulador de Tacuba’, así como a las cuatro mujeres que asesinó… pero pocos, muy pocos, saben quién fue Ana María Dorantes.

​AGENTES, ACADÉMICOS, SOBREVIVIENTES
​Dorantes fue una oficial del Servicio Secreto de México que participó en la captura de Gregorio.
Ella fue agente del servicio secreto en la Ciudad de México durante la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando ocurrieron los crímenes del estrangulador. Trabajó en conjunto con otro agente, José Acosta, quienes le siguieron la pista al asesino. El machismo de la época la invisibilizó, aunado a que las pocas mujeres que ingresaban al Servicio Secreto en 1942 eran encomendadas a labores de infiltración, pero por fortuna, su figura histórica (y emblemática) fue rescatada por la escritora Norma Lazo en su novela ‘La visible oscuridad’.
​Mención aparte merece Catalina Ortega, a quien quizá muchas personas su nombre nada les diga, pero ella fue una pieza de ajedrez crucial para atrapar a las hermanas Valenzuela, mejor conocidas como Las Poquianchis, las temibles lenonas capturadas en Pueblos del Rincón y responsables de la muerte de cientos de jovencitas. En 1964, logró escapar del burdel en el que estaba secuestrada y denunció los hechos en la comandancia de la Policía Judicial de León. De no haber sido por su valentía, seguramente las Poquianchis habrían seguido raptando y matando.
​Finalmente, no nos podemos despedir sin mencionar al Dr. Alfonso Quiroz Cuarón, padre de la criminología en México… y sí, para quien lo pregunte, fue tío del director de ‘Y tu mamá también’ y ‘Roma’.
​Quiroz Cuarón fue el primer criminólogo titulado en la historia de nuestro país, e investigó muchos de los delitos más sonados de su época, como el falsificador Enrico Sampietro, el ya citado Goyo Cárdenas, o el asesinato de León Trotsky en Coyoacán. El Dr. murió mientras daba clase en la UNAM un 16 de noviembre de 1978. Por ese motivo, en su honor, esa fecha es el Día Nacional del Criminólogo en México.
​Así son las historias sobre luchadores contra el crimen. A veces estos obtienen crédito, otras no. O como diría el escritor de novelas de misterio mexicano F.G. Haghenbeck: “Nadie dijo que la vida es justa, simplemente es vida”.

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