En el mundo a este medio de transporte se le reconoce por su extraordinaria capacidad para viajar y para transportar carga. En los países europeos el tren de pasajeros es parte vital importantísima de la vida diaria de la población; la exactitud en la salida y llegada de los trenes es fundamental y encontramos trenes de recorrido corto, mediano, largo y gigantesco, medidos en kilómetros de recorrido.
El tren es parte fundamental en la vida de los pueblos y grandes ciudades; hay trenes de pasajeros, ahora muy modernos cuya fuente propulsión es eléctrica y son demasiados veloces y bastante cómodos. Podemos ver cada que vez el número de trenes de pasajeros va aumentando en países del primer mundo. Podemos citar como el tren más largo el Transiberiano, que atraviesa varios países por miles de kilómetros y dura días en su recorrido.
Digamos que este panorama estamos mostrándolo mundial, pero quiero centrarme en este caso en nuestro querido México, en donde la historia del tren nos trae grandes recuerdos, unos preciosos e inolvidables y otros que los podemos considerar como amargos.
Quién no recuerda cuando los ferrocarriles se llamaban Ferrocarriles Nacionales de México, y nos remontamos en muchísimos años, e incluso las estaciones de los ferrocarriles eran edificios construidos en todo México con una arquitectura muy parecida, pero muy tradicional.
En México, el tren fue símbolo de la Revolución Mexicana, donde nuestros antiguos héroes nacionales, símbolos de nuestra Patria y ahora poco recordados, forjaron los caminos de la vida de nuestro pueblo. En aquel entonces los trenes servían para transportar pasajeros y el servicio postal, posteriormente a los trenes se les agregaron también vagones y plataformas que conducían carga, se les llamaba Mixtos, y desde pequeños era un paseo importante ir en León a la Estación de Ferrocarriles y comer en el camino las tradicionales lechugas, de allí el nombre de los lechugueros de los habitantes de esta ciudad, pues tenían un sabor muy especial. En aquel entonces las locomotoras partían del carbón para sobrecalentar el agua que llevan en tanques los trenes, y se transformaba en vapor que era la fuente de energía que impulsaba el movimiento y aquellas preciosas máquinas presentaban una pequeña campana al frente y un silbato muy particular, que ahora recordamos con nostalgia los que gozamos de las delicias de viajar en tren.
Los trenes de pasajeros hace muchos años que dejaron de operar en México, porque el servicio no era bueno, y aunque era barato, no ofrecía ninguna seguridad de tener la puntualidad que era necesaria; sin embargo, no podemos olvidar, y los que tenemos muchos años de vida recordamos con melancolía aquellos maravillosos viajes, que aunque no eran muy rápidos, eran cómodos para el tiempo que se vivía.
Había varias posibilidades para viajar en segunda, primera y el servicio que se le llamaba pullman, que tenía camas para descansar, que llamaban cama alta, cama baja y camarines, que eran más elegantes; y quién no recuerda el tren que pasaba por León, el número 7 y el número 8, que tenía un trayecto de Ciudad Juárez a la Ciudad de México en la estación de Buenavista, en un trayecto de aproximadamente, y eso lo digo porque nunca eran exactos, 3 días.
Todo desapareció, sólo los buenos recuerdos siguen, pues ahora los ferrocarriles nacionales ya no son totalmente mexicanos. La concesión por muchos años por la propiedad de vagones de carga está en manos de una compañía americana de Kansas, y otra parte todavía en manos de empresarios mexicanos, aunque ya no sabemos realmente ni en qué proporción ni como estén los arreglos para la utilización de las vías que siguen siendo propiedad aparentemente de la Nación.
