
La semana pasada insistí en que el gobierno no debe ser el generador del crecimiento económico del país, ni de la distribución de la riqueza de los mexicanos. Debe ser, en todo caso, el que asegure igualdad de oportunidades para que todos los ciudadanos puedan emprender y competir, para generar fuentes de empleo y de generación de ingresos. No hay otra forma. Esta semana quiero ejemplificar cómo, por medio de los esfuerzos y los méritos individuales, es posible destacar sin la intervención gubernamental. Es posiblemente una visión contraria a la del actual gobierno de la República, pero es una manera de garantizar un mejor nivel de vida para todos.
Sí es posible innovar y emprender, no solamente a nivel nacional, sino aprovechando oportunidades que surgen en diferentes lugares del mundo. La idea es desarrollar en los jóvenes las habilidades para poder definir problemáticas y detectar oportunidades. Esto está relacionado con la capacidad de observación y de investigación. Una vez que se ha descubierto una problemática, lo siguiente es plantear diferentes propuestas de solución y buscar validarlas rápidamente con el mercado que se va a atacar. Cuando, en pequeña escala, se ha validado la solución, el siguiente paso es escalar la solución de manera que el proyecto pueda ser autosustentable en el corto plazo; y pueda generar ingresos exponenciales en el mediano plazo.
Para ello doy un par de ejemplos. Un exalumno que tuve en la universidad ganó una beca en Canadá para poder desarrollar una idea de proyecto, relacionada con la fabricación de unos aparatos para captar y potabilizar el agua de lluvia en regiones remotas, donde no reciben servicio de agua potable. Si bien el proyecto no tuvo el éxito esperado, el emprendedor detectó una oportunidad en la ciudad de Toronto. Se dio cuenta de que podía abrir una taquería genuinamente mexicana en esta ciudad, a pesar de no ser la única establecida ahí. Las reseñas de los clientes son muy positivas y el lugar ha tenido un gran crecimiento en los pocos meses que tiene desde su inauguración. El emprendedor ni siquiera vive en Canadá, sino en México.
Otro de mis exalumnos desarrolló varios proyectos de emprendimiento social a lo largo de su carrera. Esto le sirvió para desarrollar una red interesante de contactos en los diferentes niveles de gobierno y con diversas organizaciones de la sociedad civil. Fue invitado a dar una conferencia hace un par de años en la Semana Nacional del Emprendedor y, una vez que cobró notoriedad, se alió con la Organización de las Naciones Unidas, para desarrollar un proyecto de apoyo a nuevos emprendedores, en regiones de muy escasos recursos en el país. Esto no solamente le ha representado una fuente de ingresos para él, sino que además está ayudando a otros que, sin contar con un capital de inicio, podrán comenzar sus propios proyectos.
Lo mejor de esto es que muchas de estas habilidades pueden aprenderse. Y a pesar de que el gobierno le está restando importancia al apoyo a los proyectos de los jóvenes emprendedores, lo cierto es que el impulsar el emprendimiento ni siquiera depende del gobierno. Hay universidades, organismos de la sociedad civil y, sobre todo, muchos empresarios comprometidos con México que, trabajando organizadamente, podrían tener un enorme impacto en la generación y crecimiento de proyectos innovadores. Esto representaría la multiplicación de fuentes de empleo y, sobre todo, la generación de un crecimiento económico sustentable.
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