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El compromiso que México requiere escuchar de los candidatos presidenciales PRIMERA PARTE

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El próximo 21 de junio se llevará a cabo la cuarta reunión del 2018 de la Junta de Gobierno del Banco de México, de la cual se desprenderá un nuevo anuncio de decisión de política monetaria. Para la mayoría de los analistas, es prácticamente un hecho que el Banxico anunciará que decidió elevar su tasa de interés objetivo, nuevamente, para llevarla a 7.75% desde el actual 7.50%, derivado de los riesgos inflacionarios percibidos para lo que resta del año. Esto a pesar de que el INEGI acaba de dar a conocer que la inflación anualizada durante mayo de este año fue de apenas 4.51%, la inflación anualizada más baja desde diciembre de 2016.

El llevar la tasa a 7.75% será nuevamente un duro golpe para las empresas, gobierno y familias mexicanas, quienes tendrán que pagar un mayor costo financiero por sus deudas a tasa variable y cuando deseen renegociar pasivos o contratar nuevos créditos. La mayor parte de los riesgos de que repunte la inflación en los próximos meses están asociados a la evolución del tipo de cambio en México, y a continuación explico algunos de los factores que alimentan la especulación y han hecho que nuestra moneda se deprecie y que tenga una perspectiva poco favorable:

El hecho de que el presidente estadunidense, Donald Trump, ha seguido descalificando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), argumentando que será mejor negociar acuerdos bilaterales con México y Canadá, mantiene a los especuladores en los mercados cambiarios entretenidos, apostando en contra del peso mexicano. Ahora en día, la probabilidad de cerrar la negociación del TLCAN antes de que concluya el año es muy baja, a pesar de que el Secretario de Economía señaló el pasado 6 de junio que hay un 50% de probabilidades de que éste se cierre antes de que concluya el año.

Otro factor que ha alimentado a los especuladores, y debilitado al peso mexicano, es la imposición de aranceles del 25% al acero y de 10% al aluminio por parte de los Estados Unidos en contra de las exportaciones mexicanas de estos productos a partir del 1 de junio. Esto aunado a la respuesta que dio el gobierno de México imponiendo también aranceles a las importaciones de diversos productos provenientes de dicha nación por un monto aproximado de 4 mil millones de dólares, monto equivalente al impacto que se espera tendrán los aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos en contra de las exportaciones de acero y aluminio de México. El riesgo de que crezca la guerra comercial entre México y Estados Unidos está presente, y no se puede descartar que próximamente Estados Unidos imponga aranceles en contra de la importación de automóviles, argumentando absurdas razones de seguridad nacional.

Un tercer factor que está debilitando al peso mexicano es la especulación respecto al resultado electoral en México y la política económica que pudiera implementar el candidato, que de acuerdo a las encuestas, encabeza las preferencias electorales. Si bien, es cierto que el equipo de Andrés Manuel López Obrador ya ha dicho que, si ganan las elecciones, se sumarán a partir del 2 de julio al equipo de la Secretaría de Economía que está renegociando el TLCAN y también han dicho que es mejor no tener TLCAN a tener un mal TLCAN, también es verdad que sigue habiendo grandes incertidumbres respecto al rumbo que puede tomar la macroeconomía.

Las encuestas, además de poner a AMLO a la cabeza, indican que probablemente el próximo Congreso de la Unión tendrá mayoría de izquierda, lo cual puede ser un riesgo porque al tener control del Legislativo, podrá modificar leyes prácticamente a discreción. Pero también preocupa lo que pueda suceder con el gasto público, ya que ha realizado diversas promesas de campaña, que de cumplirse sin  que estén aparejadas a recortes en el gasto público de otros rubros, dispararán el déficit fiscal con el consecuente incremento de la deuda pública. Cabe señalar que al 30 de abril de este año la deuda neta del sector público federal sumó 10.167 billones de pesos, cifra que representa el 45.2% del PIB nominal del primer trimestre de 2018. Una mayor deuda respecto al PIB pone nerviosos a los inversionistas y puede perjudicar la calificación crediticia de México ahuyentando la inversión financiera.

CONTINÚA MAÑANA

*Director General GAEAP

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