De entre todos los tipos de crímenes a los que los ciudadanos estamos expuestos día con día, uno de los más terribles y lacerantes es el secuestro, tanto por el dolor que le causa a los familiares y sobrevivientes El hecho más escalofriante del caso es que, literalmente, nadie está a salvo.
A finales de los años 90, e inicios del siglo XXI, los secuestros en México se convirtieron en una ‘epidemia’ que puso en jaque a las autoridades y a la sociedad civil. Aquellos tiempos, concretamente en 1998, fueron los años de Daniel Arizmendi, apodado ‘El Mochaorejas’, el macabro secuestrador que amputaba las orejas de sus víctimas y las enviaba a sus familiares. De igual forma, ni siquiera las celebridades mexicanas y los empresarios estaban a salvo. Uno de los casos más sonados fue el del presentador Adal Ramones, quien en 1998 fue privado ilegalmente de su libertad cuando unos hombres se lo llevaron valiéndose de unas armas cortas. Otro, igual de terrible, fue el de Vicente Fernández Jr, hijo del popular cantante, que aconteció el 20 de mayo de 1998, cuando lo sustrajeron en el rancho ‘Los Tres Potrillos’ ubicado cerca de Guadalajara. Fueron 121 días de tensión y dolor para el Charro de Huentitán y su familia.
EL CASO
Esto nos lleva al caso de esta semana, que tiene por protagonista a uno de los cineastas más talentosos y queridos de México: Guillermo del Toro.
Desde que filmaba capítulos para la teleserie ‘La hora marcada’, Del Toro se convirtió en uno de los realizadores más brillantes de América. Hoy en día podemos ver su trabajo en la reciente serie que funge como creador y presentador: ‘El gabinete de curiosidades’.
Corría el año 1997 cuando Federico del Toro, padre del director, fue secuestrado. Los criminales pedían un millón de dólares, cifra exorbitante para cualquier ciudadano mexicano, aunado a que ya había invertido todo su capital en la cinta ‘Mimic’.
En aquel entonces, el director de ‘El laberinto del fauno’ había conocido a James Cameron (director de ‘Terminator’, ‘Titanic’ y ‘Avatar’ por mencionar algunos éxitos) durante la filmación de su primer éxito: ‘La invención de Cronos’.
Cuando el famoso director supo por el infierno que estaba pasando Guillermo, le ofreció su ayuda, prestándole la cuantiosa suma. Pasaron 72 días y el señor Federico fue liberado.
En varias entrevistas Del Toro ha declarado que ese fue el motivo que lo hizo dejar México. Si su progenitor no hubiese sido secuestrado, seguiría filmando películas en este país.
En el documental ‘Hollywood Tequila 2006’ el director recuerda no solo la vivencia, sino también el tenso momento en que se entrega del dinero a los captores: “es como una mezcla de película de William Friedkin pero con Fernandel. Es bastante tóxico. Una cosa sí: te cambia la vida. Te destruye todas las estructuras que tienes… pero te da nuevas. Yo creo que se aprende más de las crisis que de los tiempos buenos. Es una cosa absolutamente horrible, porque es un proceso que te mueve toda la responsabilidad pero te da toda la culpa, porque si sale mal toda tu vida te vas a preguntar en qué la regaste”.
Aunque en esa columna nos centramos en casos mediáticos, este problema preocupa y atañe a cualquiera. Como bien se menciona en el interesante libro sobre el tema ‘El infierno tan temido: el secuestro en México, testimonios de sobrevivientes y secuestradores’ de Saskia Niño de Rivera y Manuel López San Martín, se explica: “El secuestro se ha diversificado. Pasamos de que fura un tema exclusivo de los ricos, de casos sonados –de alto impacto-, a un asunto tan común como cotidiano que no discrimina sexo, nivel socioeconómico, o perfil demográfico. Pasamos de escuchar historias de secuestro de hombres y mujeres más acaudalados de nuestro país a observar que la cantidad de dinero de una persona posee ya no es necesariamente un factor determinante para ser víctima de este delito”.
