“Los cambios suceden cuando vamos contra todo lo que solíamos hacer”.
Paulo Coelho
Muchas expectativas se han creado entre gran parte de la población ante la llegada al poder de los expriistas, encabezados por Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Manuel Bartlett, etc., etc., etc. Gran cantidad de mexicanos; sin embargo, creen que los cambios prometidos vendrán como por arte de magia cuando el tabasqueño se siente en la silla presidencial, como por un acto divino. Desde luego que eso es una ilusión, además la transformación debe darse principalmente en la sociedad, porque si no cambiamos nosotros, así nos venga a gobernar Obama, Putin, Ángela Merkel, Trudeau, Macron o un extraterrestre, todo seguirá igual.
Se escucha de ciertos actores políticos y de una parte de la ciudadanía que “todo va a cambiar” a partir del 1 de diciembre con el nuevo gobierno, pero, ¿también los ciudadanos lo haremos? ¿Vamos a cambiar actitudes, trácalas, vicios y demás que tenemos tan arraigados? Porque siempre nos quejamos y quejamos de los gobiernos, con razón o sin ella, y qué hay de nuestra parte.
En alguna ocasión pedí en cierto establecimiento un kilo de filete de pescado, lo pesaron y quien atendía me dijo que la báscula marcaba 1 kilo 250 gramos, preguntándome que si lo dejaba, le dije que sí, e hizo el cobro respectivo. Al llegar a la casa y sacar del envoltorio el pescado, vimos que era mucho hielo, después de descongelar el producto lo pesamos en una báscula y dio la cantidad de 500 gramos. Claro que quien me despachó sabía perfectamente que me estaba dando mucho hielo y poco pescado, ¿fue eso honesto? ¿A partir del 1 de diciembre eso va a cambiar? ¿Eso también es culpa del presidente en turno?
Cierta vez, al cubrir la mensualidad del servicio de televisión de paga con el que contamos, me cobraron más de lo normal, al preguntar por qué, me indicaron que habían agregado algunos canales extra y debía pagarlos, a lo que señalé que yo no había solicitado canales de más, diciéndome que era un servicio que brindaban, es decir, ponerlos sin preguntar si los queríamos y al mismo tiempo exigiendo su pago. Le dije a la señorita que no deseaba tales canales y me expresó que entonces tenía que hacer un pago para que me los quitaran. Así de la nada tuve que pagar por un servicio que nunca solicité y también pagar para que dejaran de darlo. ¿Van a desaparecer este tipo de situaciones al cambiar el partido en el poder?
Así podríamos seguir, pero cada quien tiene una gran cantidad de ejemplos de lo que nos pasa en la vida diaria y que no es precisamente lo deseable. Hablamos mucho de la corrupción y otros males en entidades gubernamentales volviendo a lo mismo, ¿y la sociedad qué? Con el cambio de gobierno federal, ¿los padres irresponsables que abandonaron a sus hijos ya se harán cargo de sus necesidades? ¿Ya los automovilistas no se pasarán los altos y no hablarán por celular mientras conducen? ¿La práctica de las “mordidas” será un vago recuerdo del pasado? ¿Ya no veremos carros “chocolates” circular por las calles? ¿Los ciclistas seguirán las normas viales? ¿Dejaremos de ver perros amarrados en las azoteas? ¿Los vecinos dejarán de poner sus bocinas a todo volumen? ¿Los que cobran por adelantado trabajos que nunca hacen, dejarán esa costumbre? ¿Desaparecerá la maña de ciertas personas de dar mal el cambio a propósito, siempre a su favor? ¿Las familias volverán a inculcar valores para que los hijos al crecer no anden de rateros, secuestradores, violadores, asesinos y demás?
Hace falta todo un vuelco en la cultura, en la mentalidad, pero no sólo de los políticos sino de la mayor parte de la ciudadanía. Andar por el camino de la hipocresía es muy fácil, señalar todo el tiempo a los gobernantes de cualquier nivel de los males del país sin voltear a ver nunca las actitudes de nosotros mismos, es instalarse en una zona muy cómoda, que los demás carguen con la responsabilidad o la culpa mientras se elude la propia.
El 1 de diciembre habrá cambio en el titular del Poder Ejecutivo Federal, el triunfador de las elecciones presidenciales prometió muchos cambios, ya veremos si resultan benéficos o perjudiciales… o de los dos. Lo que es cierto es que los cambios de dirigentes no bastan, la transformación más importante es la de cada quien. Decía Henry David Thoreau: “Las cosas no cambian; cambiamos nosotros”. Sigo creyendo lo que ya he expuesto en otras ocasiones, no se puede exigir sin cooperar, cuando se entienda esto podrá verse un México diferente.
