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El asesino de los acertijos

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Durante la década de los 60 y 70, la ciudad de San Francisco, California, fue aterrorizada por uno de los más siniestros asesinos en serie del siglo XX. Además de que mataba a sangre fría, llamaba por teléfono a la policía y enviaba cartas a los principales periódicos con claves, criptogramas y pistas para que descubrieran sus siguientes crímenes, así como su identidad.

Se hacía llamar “El Asesino del Zodiaco” y firmaba con una cruz encerrada en un círculo. Aunque mató a 5 personas e hirió de gravedad a 2, se adjudicó 37 víctimas.

El impacto de este oscuro personaje que nunca fue capturado ha servido de inspiración para personajes de ficción y cientos de leyendas urbanas. Incluso el director Matt Reeves, director de la más reciente película de Batman, se inspiró en su imagen para crear su versión de El Acertijo. Y es que Zodiaco no le pide nada a un supervillano de ficción.

“ES EL ZODIACO HABLANDO”

Todo comienza la noche del 20 de diciembre de 1968 cuando Betty Lou Jensen y David Faraday, de 16 y 17 años, viajaban en coche por la carretera. De súbito los interceptó otro vehículo. El conductor bajó y les disparó a ambos con una calibre 22. Seis meses después, Michael Mangeau y Marelne Ferry estaban en un estacionamiento, cuando un tipo se acercó con una linterna y los deslumbró. Estando cegados, les disparó. Solo sobrevivió Michael.

Parecían crímenes aislados, pero el asesino marcaría a la policía diciendo que era él, ofreciendo datos que solo los forenses sabían.

Después, envió una carta al diario San Francisco Chronicle que empezaba: “Me gusta matar gente porque es divertido, mato hombres porque el hombre es el animal más peligroso de todos”. Anexaba una serie de códigos que, si se descifraban, revelarían no solo su siguiente crimen, sino su identidad. En un principio por cuestión de ética periodística, los editores no quisieran publicar la carta, pero el asesino, que se autonombraba como “Zodiaco” amenazó con matar a cientos de personas.

La tarde del 27 de septiembre de 1969, Cecilia Sheppard y Brian Hartnell tenían un día de campo a la orilla del lago Berryesa, cuando llegó un hombre con una capucha, lentes por fuera, vestido de negro y con el símbolo de una cruz en un círculo. El hombre se movía de forma macabra, agitando un cuchillo y una pistola. Les pidió dinero y su coche, pues afirmó que viajaría a México. Después los ató y los apuñaló. Brian sobrevivió.

Semanas después, el taxista Paul Stine recogió a un pasajero. Parecía una rutina de trabajo habitual hasta que el cliente le disparó a quemarropa, para arrancarle su camisa ensangrentada. En esta ocasión, unos vecinos vieron al asesino y ofrecieron el único retrato hablado que se conoce.

Las cartas a los periódicos siguieron llegando, que empezaban con la frase “This is the Zodiac speaking” (“Este es el Zodiaco hablando”) con códigos y un detalle aterrador: trozos de tela con sangre del taxista.

Durante un tiempo, los crímenes cesaron, hasta la noche del 22 de marzo de 1970, cuando Kathleen Johns viajaba con su hija de 10 meses. Se le ponchó una llanta y un desconocido se ofreció a ayudarla y darle aventón a una gasolinera. En el trayecto, le dijo que era el Zodiaco y la iba a matar. La mujer saló con el coche en movimiento abrazando a la criatura y al ser interrogada, la descripción del agresor cuadraba con el retrato hablado.

A lo largo de los años, las llamadas telefónicas a la policía y las cartas a los medios de comunicación continuaron, así fue hasta su cese, en 1990. En 2020 se descifró uno de sus acertijos, pero no arroja muchas pistas sobre la identidad del criminal.

El caso del Zodiaco siempre estará abierto. La policía llegó a contabilizar cerca de 2,500 sospechosos. Hubo además quienes lucharon contra él y quienes sobrevivieron, pero de ellos hablaremos la semana siguiente.

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