Los setenta fue la década en que muchos criminales y asesinos seriales florecieron. Nombres como Jeffrey Dahmer y Ted Bundy resuenan y estremecen hasta el día de hoy, gracias a miles de reportajes y libros y series como “Mindhunter”. Pareciera que León se mantuvo alejado de esta siniestra fiebre, pero no fue así.
En los tiempos de la disco, los panzaverdes tuvieron a su asesino, y se conoció como El Asaltanovios. Esta es su historia.
Durante los primeros tres meses de 1976, un asesino deambulaba por la colonia León Moderno, cerca del Río de los Gómez y el Parque México. Lo hacía a sus anchas, pues en aquel entonces la ciudad no estaba tan poblada. Su modus operandi era escabroso: armado con una calibre .22, buscaba parejas en los coches, le disparaba al varón y robaba a la dama, o en ocasiones intentaba abusar de ella.
Una macabra coincidencia era que el caso resultaba muy similar al del Hijo de Sam, que atacó Nueva York también acosando parejas, con un arma y en el mismo año. Pero ya hablaremos de él.
La primera víctima del asesino al que los medios llamaron Asaltanovios, fue Alejandro G. Fue el agente del Ministerio Público Gildardo García quien dio fe del cadáver.
La gente de León Moderno y todo León estaba verdaderamente aterrada. Pocos eran los osados que salían de su casa de noche, y las parejitas románticas preferían divertirse en cualquier otro lado. El Parque México no tenía visitantes pues el Asaltanovios acechaba.
Para marzo, todas las pistas parecían evaporadas, y el agente Lidio Mata declaró: “Nos anima a poner a trabajar a un mayor número de policías, para así dar con resultados positivos”… pero la gente tenía miedo e ira. Querían respuestas inmediatas.
LA DETENCIÓN
El asesinato de Antonio N. y el ataque de su novia despertó el enojo de la ciudad. Gran parte de la policía peinaba León Moderno día y noche y por fin, un 8 de abril de 1976 fue detenido cuando intentaba perpetrar otro asesinato a una pareja.
Era él. Muchas chicas lo identificaron e incluso unas estallaron en llanto. Este diario evoca que el asesino “simplemente las miró con indiferencia”.
El Asaltanovios respondía al nombre de José Luis Gómez Ortiz, de 22 años y confesó haber atacado a seis parejas… la misma cantidad que el neoyorquino Hijo de Sam. Su justificación fue absurda: “nunca he soportado la mirada de una mujer” dijo. “Soy muy tímido. Una piedra me cayó en la cabeza cuando era niño y desde entonces ya no fui bueno”.
Furia y odio despertó en la gente del León setentero, aunque él quisiera inspirar lástima y empatía. Aunque su madre y su esposa declararon que siempre los trató bien, de nada sirvieron las declaraciones de ellas. Eran demasiadas pruebas que habían recopilado los ministeriales Mata y García, y muchos más los testigos. Las pruebas de parafina fueron el elemento decisivo.
Finalmente, el 13 de mayo de 1976 EL HERALDO publicó en la primera plana de la sección policiaca: “No hubo sorpresas: Asaltanovios quedó formalmente preso”.
Pareciera que la historia termina allí, con los jóvenes de León escuchando música disco por vez primera, en aquellos años estrambóticos de peinados afro y pantalones acampanados… pero no fue así. El Asaltanovios, como muchos asesinos psicópatas, tendría un admirador.
Pero de eso hablaremos la siguiente semana.
