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EL ARTE DE LOS LIBROS

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Pensadores estoicos

 

Epicteto

Después de los dos colosos de la época clásica del pensamiento griego (Platón y Aristóteles) proliferó una multitud de sectas filosóficas -perfectamente estudiadas por don Alfonso Reyes en su libro “La filosofía helenística”: cínicos, epicúreos, cirenaicos, estoicos, etc. Tales sectas o escuelas crearon también grandes obras, aunque ya no con la impronta sistemática y enciclopédica de los dos genios mencionados, pero sí propusieron soluciones para una época de crisis y de profundas conmociones en el mundo antiguo.

“El Manual de vida” (también conocido como Enquiridión) es uno de los grandes libros de la humanidad, a pesar de su brevedad. Epicteto, como otros grandes maestros -Sócrates entre ellos- no escribió libro alguno, su manual fue escrito por sus discípulos cuando murió, el cual recopila las enseñanzas de su doctrina, una de las cumbres del estoicismo. El filósofo vivió en el primer siglo de nuestra era, fue esclavo en la Roma imperial, y posteriormente liberto se dedicó al estudio de la filosofía, con tal dedicación que con los años fundó su propia escuela, la cual fue muy admirada y emulada por el emperador Marco Aurelio.

“El Enquiridión” nos invita al bien vivir, y nada hay más preciado en la vida que la libertad. El pensador griego mejor que nadie sabía que incluso siendo esclavo se puede ser libre, en el fuero interno, en la conciencia; por añadidura, las personas que creen ser libres, en realidad no lo son porque están esclavizados a sus insaciables apetitos: cargos públicos, fama, etc. El pensador de lengua griega divide a la vida en dos grandes pilares: lo que depende de nosotros y lo que es independiente de nuestra voluntad, y aconseja enfocarnos en lo que está en nuestras manos cambiar. Epicteto es la antítesis de Epicuro. Mientras éste último postula el hedonismo (pero intelectual y refinado, hay que aclarar) como propósito de la vida, al primero le es indiferente el placer o el dolor, lo que persigue como fin vital es la ataraxia. Marx escribió que la filosofía debía dejar de interpretar al mundo y decidirse a transformarlo, durante la época del auge del estoicismo se pensaba algo similar, la filosofía debía ser vivida antes que teorizada.

Fue mayúscula la influencia del pequeño libro durante el Medievo, pero durante el Renacimiento cobró nuevos bríos, fue modelo para “El Enquiridión” de Erasmo. Y para ser fieles a la verdad y concluir esta colaboración, el Manual de vida goza de un toque atemporal, parece que fue escrito en nuestra época, también convulsionada por tremendas transformaciones en todos los ámbitos. “El Enquiridión” tiene la huella de las epístolas morales de Séneca, e incluso de remonta como modelo al mismísimo Heráclito de Éfeso, a quien al lado de Sócrates, llama divino.

Marco Aurelio

Fue hombre de un solo libro, no porque haya leído únicamente uno, sino porque escribió en toda su vida una obra titulada: “Para mí mismo” (Ta eis eautón). La tradición francesa la ha traducido como Pensées (Pensamientos), la nuestra de dos maneras, tanto Soliloquios como Meditaciones. Me gusta más ésta última, la misma que Gredos ha estampado en su bello volumen en pasta dura. El sueño platónico de que los filósofos gobernaran al mundo fue consumado durante el siglo II, el emperador Marco Aurelio fue un clemente hombre de estado y uno de los grandes filósofos de la historia del pensamiento.

El gobernante romano no escribía para hacer público su libro, sino para dialogar con su alma, lo compuso a lo largo de sus últimos años, a manera de Diario, y lo concluyó cuando terminó su vida, en medio del campamento militar, a orillas del Danubio. No está equivocado el historiador Indro Montanelli, al aseverar que las “Meditaciones” es uno de los grandes libros de la humanidad. Marco Aurelio fue la cumbre del estoicismo, el mejor discípulo de Séneca y de Epicteto; al primero se le suele reprochar que no vivió coherentemente su doctrina, pues aconsejaba vivir en la pobreza, viviendo en medio de la opulencia. Mientras que el autor de El enquiridión, fue el gran modelo del emperador, el esclavo que era al mismo tiempo, el hombre más libre del mundo.

 A Marco Aurelio Antonino le hubiera gustado ser un esclavo y no llevar sobre sus espaldas, cual Atlas, el peso del imperio romano. Pero con justicia la filosofía estoica proclama el abstente y subsiste, la ataraxia ante la dicha o la desgracia. El cumplimiento del deber para los romanos era un mandato sagrado, el estoicismo enseñaba la “virtus”, y en el caso de nuestro autor, la guerra contra los bárbaros germánicos y contra los cristianos no estaban en contradicción con su filosofía. Un aspecto muy destacable es que las Meditaciones fueron redactadas en griego, y no en  la lengua materna del filósofo, el latín. Para mí, Marco Aurelio es la síntesis perfecta de las dos civilizaciones de la antigüedad, paradigma del orbe grecolatino. Filosofía de la vida en su máximo esplendor.

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